Sigue el ruido sobre el extravagante “arreglo sin arreglo” improvisado por ZP para contentar a todas las taifas dándoles a cada una más de lo que recibían  (lo cual está por ver) para poder darle a Cataluña lo que le reclama si o sí para sostenerlo en el poder. No en Andalucía, donde reina un silencio sepulcral, roto sólo para aplaudir la mediad de dar más dinero a las autonomías con dos lenguas, ni en las comunidades peperas beneficiadas por el cambalache, pero sí, siquiera ‘sotto voce’, en la que no han sido tendidas en cuenta sometidas bajo la férulas de sus respectivos partidos. Habrá más para lo que más tienen –es decir, menos para los más pobres—y la factura se cargará al déficit que, eso sí, pagarán a escote y partes iguales los unos y los otros. El irreversible (¿) régimen de las autonomías se está jugando la vida en esta feudalización desordenada y chapucera de la economía nacional. Si algún día la tierra tiembla bajo sus pies, habrá que pedirle cuentas a estos régulos inconscientes.

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