Los agricultores andaluces han dicho a quien ha querido escucharlos que prefieren cien veces que los gobiernen desde Bruselas a que lo hagan desde Madrid o desde Sevilla. Creen que la distancia aclara la perspectiva mientras que la cercanía –al menos en las condiciones actuales—no son de fiar ni por su grado de politización ni por su arbitrariedad demostrada. La propuesta de Griñán de que la UE deje en manos de la Junta la gestión de esos fondos agrarios, ni se ha escuchado allí, pero ha indignado en casa. El Presidente debería preocuparse más por el desprestigio de la autonomía que por su propio fiasco.

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