Coincidiendo con el forzado descubrimiento del enorme “pelotazo” perpetrado por el alcalde de Sevilla, la decisión del consistorio marbellí de encargar a un bufete de altos vuelos la tarea de recuperar lo afanado por sus ediles infieles y alguna otra, sólo el calor salvará al Poder de una indignada reacción ciudadana que contiene, de hecho, la resignación con la que ese Poder cuenta. Apenas una voz se ha levantado en medio de la galbana y ha sido para exigir al partido de enfrente que haga público, a su vez, lo que afanan sus ediles, como si lo que pudre la vida pública fuera el pulso que se traen los partidos y no la clamorosa evidencia de que el sentido patrimonial la ha estragado hasta un punto seguramente irreversible. Nadie está haciendo más que los ciertos políticos por degradar su actividad ni menos por regenerarla en una democracia que parece haber asumido como normal que el dinero público sea saqueado legal o ilegalmente.

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