La penúltima ocurrencia del ingenio neoliberal ha sido la propuesta imponer el trabajo dominical. El viejo ‘sabbat’, el día del Señor, la jornada semanal de descanso que los antropólogos descubrieron allá por donde se han movido, se ve amenazada en el reverso psíquico y moral de una conciencia colectiva que tiene asumido desde tiempos remotísimos el derecho del hombre al descanso. En mi niñez conocí todavía el pago de las empresas al arcipreste del lugar por la dispensa para trabajar los domingos, es decir, el arreglo que hacían entre empresario y eclesiástico al margen del protagonista, es decir, del trabajador mismo, con un inconfundible acento de simonía. Pero la conciencia de progreso, allí donde surgió y se desarrolló, tuvo en ese derecho al descanso, así como en la limitación de la jornada, sus objetivos más memorables. Y ya ven, hoy vamos hacia atrás, como de vueltas de esta Babilonia productivista a ultranza, hacia la región primitiva en la que el trabajo no tenía reglas ni límites. Es verdad que una mayoría de ciudadanos, por ejemplo en Francia, rechaza aún la idea de eliminar el descanso dominguero, pero no lo es menos que un alto porcentaje de ciudadanos seducidos por la lógica del Sistema apoya la idea de prolongar la semana comercial eliminando cualquier pausa, un poco como si el comercio y el consumo fueran los nuevos dioses y el tajo, el templo nuevo en el que rendirles culto. La libertad absoluta de los agentes económicos está por encima de todo, incluso de la inmemorial limitación del trabajo un día a la semana que no era otra cosa que el reconocimiento de un espacio humano indispensable incluso para la lógica del explotador. Producir y consumir: eso es todo lo que se le ocurre a nuestros líderes para remontar una crisis en gran medida provocada por el abuso de esas dos actividades. No escarmentamos. Las previsiones dicen que en poco tiempo serán mayoría los partidarios de la semana laboral completa.

 

Lejos ya del sentido religioso del reposo obligatorio, la lógica laica que veía en éste un factor de humanización de la vida laboral también fracasa y naufraga en el piélago de la concepción utilitarista del hombre que subyace en la propuesta del integrismo liberal. Y hay motivos que lo explican, por supuesto, como los hubo para que masas de individuos asumieran la esclavitud como un estatus natural hasta que la razón ilustrada fue descubriendo la índole necesaria de la dignidad y sus consecuencias. Han sido las circunstancias las que han ido convenciendo al personal para que abdicara de su derecho, y hay que reconocer la maravilla de esa hegeliana “astucia de la razón” que ha conseguido el milagro hasta antier inconcebible. Producir y consumir. A este Hombre que regresa del progreso no le queda otra que aplicarse dócil, voluntariamente, a la famosa servidumbre voluntaria.

12 Comentarios

  1. Tras esta pocurrencia vendrá, quién sabe, la del tranajo LEGAL de los niños, ya que el trabajo DE FACTO ya es una realidad en muchos sitios, pura esclavitud incluso. Estoy de acuerdo con la preocupación de jagm ante este atentado a la humanización del trabajo. ¿o No tienen bastanet com llamarle “mercado” a la relación laboral?

  2. Mi absoluta adhesión a la tesis de la columna. Son una predadores insaciables. El papa está perdiendo el tiempo con tanto paño caliente.

  3. Un caso más de deshumanización de la vida, de retroceso en la cultura común. Quiztarle al hombre ese momento de descanso y reparación, pero también de esparcimiento y enriquecimiento, es un crimen. Y lo curioso, como s eseñala, es que haya mucha gente por la labor, dispuesta a seguir la lógica de la explotación seguramente por exigencia de sus propios modos de vida, superiores a los posibles.

  4. Vamos a ver. España es el país de la UE con una productividad más baja. ¿No habría que tener en cuenta también este dato (junto al del terrorífico absentismo y demás) a la hora de valorar una reorganización del trabajo que contemplara el trabajo dominial libremente aceptado? No sé, sólo pregunto, pero me inquieta esa cuestión. Otyra cosa es olvidar que esto no es más que el resultado de la preisón de las “grandes superficies” y grandes almacenes que saben que en el Dia del Señor es cuando las familias acuden a sus tiendas en plan safari. Consiremos todo antes de pronunciarnos.

  5. Mi tesis -si se merecen este nombre las cagarrutas que expelen mi(s) neurona(s)- se aproxima muy mucho a la de mi don Prof.

    El centro comercial, o gran superficie, es hoy el ágora donde se confunden el comercio, y el bebercio, je, je, y el ocio. Concretamente cuando quiero localizar a un determinado quidam, sé que está de once a una del mediodía sentado en una silla de uno de los bares que conviven con las ofertas de la gran superficie. Allí busca clientes, cierra tratos y tiene su oficina virtual. También hay amigos que se saludan tras tiempo sin verse al coincidir en colas de cajas cercanas o solucionando los interminables problemas de la telefonía móvil.

    Sábados y domingos, las familias van en romería a poner en el carrito su pequeña ración de ilusiones, pensando que así van a ser un gramo más felices. Los aparcamientos para bebés y menores, los menús y los platos combinados o el self service les hace sentirse más libres y modernos.

    Creo además que los (sub)empleados de estas moles que trabajan en fines de semana libran luego al menos treintaiseis horas seguidas en días laborables, lo que les viene bien para encontrar abiertas oficinas o sitios que coinciden de lunes a viernes con sus hoararios.

    Miremos con ambos ojos los tiempos que nos ha tocado vivir. Nada es cien por cien bueno ni malo. O sí. Depende.

  6. “Examiné todas estas cosas, y cómo los hombres luchan y pierden la batalla, y cómo aquello por lo cual habían luchado se logra a pesar de su derrota y cómo cuando esto llega resulta ser diferente de aquello que se proponían y cómo otros hombres han de luchar por aquello que ellos se proponían alcanzar bajo otro nombre.”(W. MORRIS, The dream of John Ball, 1886)

  7. Progreso-regreso, acción-reacción. Sin que lo advirtamos, sin que nos demos cuentas del cambio de rumbo. El barco navega girando en redondo y el pasaje baila en el salón. Este mundo tiene mucho de barco fantasma. Esperemos que no de Titanic.

  8. El Sistema es insaciable y ha convencido a los esclavos hasta desarmar su posible resistencia. Sigo eltema hace tiempo y lo curioso –a la columna de jagm no se le escapa– es la voluntariedad del “regreso”. El sindicalismo es hoy una gestoría para casas fáciles y un instrumento de legitimación de los explotadores a través del propio Estado. Pero no olvidemos que el trabajador se somete viluntario en muchos casos. La “servidumbre voluntaria”, el viejo concepto, está muy bien traído al caso.

  9. Es que ya ese “espacio humano” que invoca ja está muy poco valorado por el empleador, aunque en otros sentidos la vacación haya crecido tanto. No sólo la necesidad impuiesta por muchas actividades laborales que exigen “continuidad” han volatilizado el “espíritu del Sabat”. Aunque creo que, de momento, es sólo Francia la nación que ha dado el paso de destruir legalmente el viejo derecho dominical. En España, de hecho, el gran comercio coquetea hace mucho con esa idea y no me extrañaría que de la misma manera que ya se tiende a contratar por debajo de los mileuristas (aprovechando la crisis) puede que acabemos contratando siete días a la semana todo el año. Al tiempo.

  10. Vale, me quedo con lo que dice la columna con todos sus puntos y comas, con los certeros apuntes de los casineros que me preceden, especialmente hoy con D. Rogelio,..…pero me encanta saber que hay comercios abiertos los domingos aunque no tenga necesidad de ellos. Nunca fue mi día preferido de la semana y confieso que me lo hace irracionalmente más llevadero. Estaré alienadito perdido, que San Marx me perdone.

  11. La avaricia del gran capital, y muchas veces del pequeño, no tiene límite.
    La civilización del ocio nos divide en tres clases de ciudadanos. Los parados, los pensionistas y los currantes que son, como se dice más arriba, los modernos esclavos que trabajan en un régimen parecido al de los antiguos seringueiros. No son libres para abandonar su puesto de trabajo ni para exigir una remuneración justa. Son lentejas.

  12. No todos los gremios disfrutan del afamado descanso dominical , no hay que irse muy lejos para darse cuenta que todo lo que rodea al sector servicios , hoteles y restaurantes , y sus industrias secundarias , equipamientos, lavanderias no han conocido jamás descanso alguno en los domingos, alguien siempre pringa si así entendemos el postulado de hoy.

Responder a rogelio Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.