Admito que la reforma financiera obligue a fundir esas prohibitivas taifas que eran nuestras entidades de crédito y, en consecuencia, que a Cajasol se la tragara Banca Cívica y que a los dos se las zampe ahora CaixaBank. Pero lo cierto es que la economía andaluza –que tanto ha perdido en estos últimos decenios—se le acaba de escapar también su principal instrumento financiero para ir a parar, encima, a una Cataluña cuya dirigencia plantea justo en este momento su separación de “las aguas sucias” de España. Vamos de mal en peor, aumenta nuestra dependencia, pintamos cada día menos en el panorama nacional y, sin embargo, los andaluces que pedían el cambio no lo han propiciado. ¿Sarna con gusto no pica? Hay refranes que, en ocasiones, los carga el diablo.

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