Hace poco me extrañó ver a un fervoroso comunista presumir en el Parlamento andaluz exhibiendo una camiseta de la Selección en la que se había trastornado el diseño de manera que, para responder a la enseña republicana, la espalda y un hombro iban en rojo, el pecho y el otro en morado, y festonada, en fin, con una suerte de herpes gualda que recorriera desde la cadera al cuello. De lo que no se había percatado el repúblico era de que el escudo que lucía esa prenda representaba, bien que de mala manera, a la monarquía reinante. Son cosas que ocurren, no ya por ignorar la heráldica, sino, sencillamente, por no tener ni idea de esa Historia que el de la camiseta mamarracho pretende, al parecer, cambiar. Bueno, pues eso no es nada, si se tiene en cuenta que el que lucen bajo la estrella mundialista nuestras lumbreras tiene, según la Academia Matritense de Heráldica, un grave defecto –la falta de la bordura roja alrededor del escusón con las tres lises sobre campo azul, que la convierte en símbolo de la Casa Real… de Francia—mientras que otros observadores más minuciosos le llegan a achacar hasta nueve errores. La citada Academia hizo llegar su consejo a alguna alta institución y ni siquiera recibió respuesta, pero a mí no me extraña que esa procelosa cueva que es la Federación carezca de interés o sensibilidad, sino, por supuesto, que la Casa Real española no haya detectado –y si lo ha detectado, peor—semejante desliz. Éste es un país raro en el que la hinchada debe tararear el himno porque éste carece de letra cantable y en el que ni siquiera el Rey ni el Príncipe que acostumbran a asistir a los grandes encuentros se han percatado de ese detalle que, ya digo, a mí, plim, pero a ellos, que viven del símbolo, debería inquietarles en extremo.

 

¿Se figuran ustedes a un soviético de los de antes luciendo sobre la camiseta la hoz cruzada con una piocha, a un masón al que le cambiaran sobre el mandil el compás por una bigotera, a un vasco ante esa ikurriña, que Arana copió de la enseña británica, pero a la que le hubieran revuelto todos sus colores? Oigan, repito que mis respetos simbólicos van por otra senda, pero yo no soy ni el Estado ni un miembro de la realeza, y a estos dos sí que debería importarles, y mucho, su identidad simbólica. Hemos quedado campeones luciendo sobre el pecho la prueba de nuestro insignificante despego.

2 Comentarios

  1. Si a ellos no les importan los símbolos, no se podrá sancionar a quienes no los respeten. Estas cosas no ocurren por ahí en ningún sitio.

  2. Esa exhibición en el Parlamento debería haber siso objeto de un papapolvo por parte de la Presidencia, con independencia de que demuestre la ignorancia que el columnista apunta. La IU de Andalucía estádejando ver, además, cuál es la razón úlitma de su militancia: la contratación a alto nivel. No me extraña que sus camaradas estén muy cabreados.

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