Desde que ha trascendido que los recursos a la Oficina del Defensor del Pueblo han bajado notablemente tras el relevo de Chamizo, su sucesor, Jesús Maeztu, anda preocupado y un poco de los nervios, entiendo que sin motivo, porque es lógico que, tras las agitadas circunstancias del relevo y la ausencia de una personalidad como la de aquel, se haya producido algún desconcierto entre los usuarios. Maeztu debe hacerse el cuerpo a la realidad, que no es otra que la casi absoluta indiferencia de la Junta y demás instituciones ante su mediación y asumir que Chamizo le dejó el listón quizá demasiado alto. Aparte de que esa oficina, como la Cámara de Cuentas, estarán siempre condicionadas por sus inevitables dependencias del Poder. Ya verá Maeztu cómo se acostumbra pronto a la rutina impuesta por éste.

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