No le ha resultado fácil a ZP –como le preconizara en su primer mitin andaluz quien bien conocía el partido y entramado—aplicar las curas regeneradoras que prometió al llegar. No habrá limitación de mandatos en el emirato de Chaves, se mantiene la vista gorda ante la corrupción que ya no distingue una factura buena de una falsa, se protege y aplaude a los tránsfugas siempre que jodan el rival en beneficio del partido. Y no habrá más democracia interna que la imprescindible y formal que imponen los retorcidos renglones reglamentarios que lo mismo valen para un roto que para un descosido. Nada de “primarias”, que ya se sabe lo que traen esos juegos, y están frescos en la memoria el “pucherazo” que hubo que dar en Jaén para cerrar el paso a Borrell o en Sevilla para apear a Borbolla. El Gran Índice, el dedo protector, la voluntad del que manda. Los fascistas, cuya memoria andan rescatando algunos insensatos, pintaban por la paredes una frase definitiva: “El Jefe siempre lleva razón”. Sin ánimo de comparar, a ver si alguien ve diferencia significativa entre aquellas pintadas y las consignas actuales.

1 Comentario

  1. Sólo una, que antes las pintadas eran en tiempos en los que se luchaba por la democracia y ahora tenemos “la dictadura de la democracia”

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