Tras el absurdo escándalo que supuso los dos solitarios aprobados en las oposiciones a Administradores Generales, estalla ahora en Córdoba el presunto golpe de mano ocurrido en la Diputación cuando una plaza sacada a concurso-oposición no la ganó la opositora que “debía” ganarla, provocando la arbitraria suspensión ‘sine die’ de la prueba en perjuicio de la ganadora real. Los abusos de la Junta en la recluta de personal están comprometiendo su propio funcionamiento pero, además, conspiran contra el buen nombre de los tribunales que intervienen en las pruebas, los cuales han de someterse a sus dictados o terminar como el rosario de la aurora. Suspender un proceso de selección porque no salió adelante la “favorita” constituye ese “más difícil todavía” que la Junta supera una y otra vez.

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