Me ronda estos días la idea de que la amenaza de la virtualidad no reside tanto en el riesgo de que el observador tome por ‘real’ lo que no lo es, como en su capacidad de ofrecer esa irrealidad como algo patente. Un estadio lleno puede no estarlo ‘en realidad’, unos fuegos de artificio pueden ser artificio a secas, una ninfa que canta con voz angelical resulta no ser sino la máscara bella de la cantante auténtica pero no tan hermosa. Todo esto acabamos de comprobarlo en los Juegos Olímpicos, sin salir de la jornada de la sesión inaugural, lo que, a mi juicio, nos permite ampliar razonablemente la duda a todo el mensaje mediatizado que, por serlo, admite cómodamente la falsificación de lo verdadero. ¿Podemos estar seguros, por ejemplo, de que la pelota de Federer que da por buena “el halcón” (procedimiento óptico de verificación empleado por los jueces) lo es o no lo es? ¿Y cómo estarlo de que las acrobacias de esas sirenas sincronizadas no nos llegan una vez pasadas por el tamiz informático que todo lo arregla? Si el ‘fotoshop’ es capaz de presentar como una hembra jamona a Ana Obregón o de cortarle sin piedad las piernas al Rey para ajustar la imagen de la Familia Real a los deseos oficiales, a ver por qué vamos a creernos el retrato de un hemiciclo abarrotado, pongo por caso, que igual tiene más votos que manos o al revés. La representación de lo real que, como es sabido, comienza en las paredes de la caverna, hace tiempo que renunció a su pretensión ontológica. Hoy no hay más bisonte real que el que te embiste en la pradera y aún ése está en vías de extinción.

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Bien es verdad que la intuición de que la realidad no pasa de ser una convención de nuestra perceptiva remonta a Platón, en cuya Caverna ya los hombres eran sombras y las sombras, hombres, algo así como si quien confiriera la entidad a la cosa fuera el espectador, el sujeto engañado por las apariencias y no la naturaleza misma. Pero hay una diferencia entre postular que la cosa es apenas la equívoca imagen aprehendida y proponerle al ojo un embuste puro y duro, un camelo tecnológico fabricado deliberadamente de acuerdo con la conveniencia de cada momento. Lo que ha ocurrido en esos Juegos el día de su inauguración descresta con mucho la categoría de anécdota porque, en realidad (y perdonen la reiteración inevitable), a ver quién puede asegurarnos que el mismo manejo que se hizo con la pólvora que coloreó aquella ceremonia se dejó de hacer luego en China y, si me apuran, aquí también. La virtualidad galopante está comprometiendo la gnoseología hasta un punto que ni Platón ni Locke pudieron imaginar, de modo similar a como Apicio o Ruperto de Nola serían incapaces de penetrar las deconstrucciones alimentarias de Ferrán Adriá si tuvieran acceso a sus fogones. Lo cual no supone, creo yo, ningún progreso efectivo sino una estafa más de cuantas lleva coleccionada desde el neolítico este ancestral adversario de la realidad que es el hombre, aunque otra cosa predique una especie que hace muchos siglos que conoce la capacidad utilitaria de la mentira. El cuento de los JJOO concierne por eso tanto a la moral como a la ontología y debe prevenirnos más frente a la eventual ‘desrealización’ de todo mensaje que frente al truco concreto. Dar gato por liebre, que es lo que han hecho esos manitas, es algo que el Poder hace desde que existe y que el propio súbdito cultiva  si darle mayor importancia en el jardín de la cotidianeidad. Con la mano en el corazón, lo que no deberíamos decir honradamente que es que nos han engañado como a chinos. Chino es quien más y quien menos en este bazar en cuanto se presenta la ocasión.

4 Comentarios

  1. Que la realidad lo sea gracias y solo a traves del ojo que ve y del cerebro que descifra y da sentido , estamos de acuerdo.
    Lo malo es que no sé nada de que ha pasado en Pekin: ¿fue camelo lo que los Chinos enseñaron al mundo durante la inauguración? …Y yo sin enterarme!
    Espero que los paseos por el puente de los suspiros hayan resultado románticos…
    Besos,maestro.

  2. Bienvenido al manicomio, amigo. Esperemos una buena temprada literaria tras esta breve interrupción. La verdad es que lo que se ha encontrado a la vuelta no es precisamente para echarse a gritar de entusiasmo. ¡Ánimo!

  3. Vuelve penetrante quien penetrante se fue, no cabe dudarlo. ERl tema es apasionante donde los haya, y desde luego me había extrañado no encontrar por la prensa comentarios no oportunistas sobre él. (Esropy un poco harto de JJOO, buenos a op malos, exitosos ofracasados, oportunos o no desde el morador político. Seguro que muchos de ustedes también, pero jagm ha sabido sacarle la puinta interesante a semejante aburrimiento).

  4. Hagan como yo y tómense unas verdaderas vacaciones, sin periódicos, tele y demás medias. Limítesen a leer a don José Antonio y verán como se enteran sólo de la “sustantifique moëlle”, de la médula sustántifica (?)
    Besos a todos

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