Un amigo del alma anda atribulado porque no encuentra en los grandes almacenes la Barby negra con la que sueña su nieta. Ha revuelto Roma con Santiago, ha movilizado desde el vendedor al gerente pasando por el encargado, pero ca: ni en los estantes ni en el almacén figuran más que muñecas arias, rubias platino o morenas del país, sin rastro de negra alguno por más que en Internet se comprueba con facilidad que esa Barby existe. ¿Es que acabaremos por concluir que el consumo (quiero decir, el consumidor) no escapa a la pulsión racista que se observa lo mismo en los estadios que en el mostrador de las confidencias? Pues claro que sí, aunque sea preciso recordar que la cosa viene de lejos como se encargó de protestar Machín –“Pintor que pintas con amor/ por qué desprecias mi color…”–  en sus “Angelitos negros”. Ni el impacto del multiculturalismo ha logrado erosionar, sino tal vez todo lo contrario, la pose criptorracista del gentío que sublima imaginándose privilegiado habitante de ese paraíso caucásico en cuyos muros instala “concertinas” como cuchillas de afeitar. ¿Para cuándo un niño Jesús negro en los belenes de esos conventos nuestros hoy nutridos de mojas negras tan atentas al libro de horas como a los secretos de la repostería conventual? Es verdad que la raza blanca no es ni más ni menos racista que las de color, a las que puede que el futuro reserve una nueva era, pero seamos conscientes de que nuestro fariseísmo ha sido históricamente el introductor de la estimativa monocultural.

 

No hay que infravalorar el papel cultural del juguete, constante desde el paleolítico, y por eso tendría sentido luchar contra el repertorio violento y quién sabe si también poner coto a tanta “nintendo” que amenaza con el autismo a la santa infancia. El juguete es socializador y por ello coherente con la ideología del grupo, lo que supone que, mientras la sociedad no supere sus prejuicios, el consumo se mantendrá firme en que no se puede adiestrar como madre a una niña blanca con una muñeca negra. La nieta de  mi amigo es revolucionaria en su perfecta ingenuidad, pero la ideología adulta, que es la que guía la demanda, sabe al dedillo cómo frenar estos legítimos sueños. Gide, en su “Viaje al Congo”, descubrió que mientras menos inteligente es el hombre blanco más tonto le parece el negro, pero esa convicción, que comparto, temo que resulte insuficiente para reorientar el mercado.

9 Comentarios

  1. No la busque en vano porque son inencontrables. ¿Racismo? pregunta usted Yo ceo que sí, estoy convencida. El mercado no hace más que lo que decide la ideología, en eso lleva usted toda la razón.

  2. Qué pena para esa niñita. El racismo coulto, latente, sobre el que tanto insiste este columnista, es canallesco sobre todo cuando afecta a sujetos tan sensibles. Lo de Machín, en efecto, hizo conmoverse a mucha gente. Pero supongo que poca abdicó de su racismo.

  3. (Lo siento, pero soy asin de vulgar)

    ¿Saben cual es la Barbie que no cabe en un cuarto de niños.?
    Pues la Barbie Divorciada:

    Además de su inmeeenso ropero y su frigo para las pieles, tiene la casa de Kent, el apartamento en la playa de Kent, el coche de Kent… ;)

  4. Ejemplo divertido de mentalidad. Sobre juguetes habría que fijarse mucho, tal es el influjo que ejercen sobre nuestros párvulos. Lo de las tumbas paleolíticas con muñecas es precioso y fue muy discutido en tiempos por los paleontólogos que la verdad no sé qué podían discutir. Dígale a su amigo, don ja, que pronto habrá negras chinas además de negras en nuestros almacenes, aunque haberlas haylas haced tiempo por ejemplo en USA o en París, como puede atestiguar Mr. Miller.

  5. Mucho hay que criticar a ese sector: la obscenidad de las muñecas que hacen pis y demás. También las metralletas que inician a los niños en el placer de la ráfaga asesina, los monopolis que entrenan s futuros Blesas… Lo del color de las barbys llegará con el tiempo, no lo duden. ¡¡¡Y las venderán los chinos!!!

  6. El mundo juguetero, como el circo, se alimenta de la misma bazofia con que se engorda a los infantes ante las pantallas.

    Las televisiones, incluyendo a la tve –que debería ser infinitamente mejor– rotulan como películas de acción aquellas en que la violencia extrema y el sexo ya explícito son el pan de cada día.

    Ya se pueden esforzar en algunos colegios en educar (?) sobre el juguete no sexista ni violento. Al llegar a casa, el niño se va a tragar horas y horas de películas de acción. También los videojuegos y las películas almibaradas tipo Disney incluyen el matar, destruir –aunque sea al malo– o tomar a la damisela como azúcar que se da al más fiero luchador.

    ¿Piensan además que los niños no ven los rijosísimos anuncios de perfumes con que nos asaetean casi todo el año?

    Quod scripsi, scripsi.

  7. Un 10 rotundo, con matrícula de honor, para don Epi en su añadido al comtantario de don ja. Nuestra infancia y adolescencia se están maldecuando con instrumentos que, sin embargo, podíian ser extraordinariamente positivos. En cuanto a lo del racismo de la demanda, de acuerdo pleno.

  8. Gracias, mi don Páter. Y aprovecho para desearle personalmente toda la paz, junto a la Gloria que su Reverencia va a cantar dentro de unos pocos días, Deo in excelsis porque estoy seguro de que es usted –no el único, que por este rodal transitan otros– homo bonae voluntatis. Que goce de toda la salud física, que la del espíritu se le nota a leguas, para que podamos celebrarlo desde este rincón amable y culto que nos brinda nuestro Anfitrión, largos años.

  9. Me sumo a la felicitación de do Epi, que hago extensiva a todos, como es natural, con la esperanza de que los hijos de nuestros nietos no sean ya racistas como, en el fondo, lo sigue siendo gran parte de nuestra generación. Me he imaginado a esa niñita sin su Barby negra y la imagen me ha conmovido. Felicidad para todos.

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