Desde que China aparece como la segunda potencia real del planeta, sus esfuerzos propagandísticos por simular que el crecimiento de su economía repercute por igual sobre todas sus clases sociales se han multiplicado para difundir la idea de que el llamado “comunismo con peculiaridades chinas”, proclamado como oficial en el último congreso del PCCH, sigue siendo un movimiento revolucionario que persigue ante todo la igualdad entre sus ciudadanos. La realidad del país, sin embargo, contradice de plano estas propagandas, confirmándose reiteradamente, no sólo que la desigualdad subsiste, sino que se ahonda cada día que pasa con el actual modo de producción. Un sabio italiano, Corrado Gini, ha dispuesto una medida de la desigualdad –el coeficiente de Gini—que procura la foto fija de la concentración de ingresos que, en un periodo determinado, afecta a los habitantes de un determinado espacio, y ha sido este instrumento–cuya difusión ha prohibido el Gobierno chino, como es natural—el que ha permitido concluir que la China, esa segunda potencia mundial que produce un puñado de millonarios al día, es el país más desigual del planeta. La fórmula de Gini consiste en imaginar una escala del cero al uno en la que ese cero metafórico representaría a una sociedad perfectamente igualitaria, es decir, en la que la renta sería distribuida por igual entre todos sus habitantes, y el uno aquella otra en la que una sola persona concentraría todas las rentas, es decir, la perspectiva del amo y los esclavos. Pues bien, se calcula que hoy en China ese índice subiría hasta un 0’61 como consecuencia, principalmente, de la diferencia abismal de condiciones entre la población urbana y la campesina interior. El comunismo chino actual, pues, el de las “peculiaridades chinas”, no sería otra cosa que un severo régimen de explotación de unas capas sociales inmensas por otras –urbanas—que resultan ser las beneficiarias.

No se podrá decir en el futuro, eso sí, que el Gobierno chino es el único responsable de semejante despojo, pues en bien sabido que el espectacular desarrollo de aquel país cuenta con la encantada complicidad de los importadores occidentales, que encuentran en aquel inmenso taller de mano de obra explotada el margen de beneficio que la civilización impide obtener en su propio terreno. Nadie como Iung señaló la distancia noológica entre la cultura oriental y la nuestra, nadie como Mao descubrió la eficacia del “razón de arroz”.

7 Comentarios

  1. Pascual Maragall..escrito el 23 de Agosto de 2003.

    «La verdad es que Catalunya ve lo que está sucediendo en Madrid con espanto, pero no con sorpresa. Madrid se ha separado de España. Ha entrado, en la época Aznar, en una espiral loca, en una huida hacia adelante, en una persecución desmesurada de riqueza y poder. Como dijo Azaña (y nos recuerda J. M. Ridao) «partiendo de una idea de España, Madrid se obtiene por pura deducción». De modo que el Madrid de hoy sería la deducción lógica de la idea aznariana de España. ¡Y así nos va! Aunque yo creo más bien que el Madrid político actual ha dado la espalda a España, se ha marchado, tiene la cabeza en otro lugar y va a tener que ser ignorado primero y redimido después por los pueblos de España que menciona la Constitución.»

  2. Para el Abate (en detrimento de la atención dbeida a jagm): El negocio new es la indemepencia sino el independesntismo. ¿Va ase rutsd –una persona ilusrtrada y fiel a aus princiìos– quien apoye la secesió, sugestiva y se pliegue a los proyectos de la burguesía nacionalista? Esi de Mardid esyá ya muy antiguo, bate. Creo que jagm plantea esta cuestión (que no es la de hoy con una profindidad mucho mayor.

  3. Buen resumen de esa situación falsaria. No sé adónde llegará el Régimen herederio del PCCH pero hay que admitir que su comunismo es ya sólo oral.

  4. No sé si consideramos lo sufieicnte que la producción china se hace sin tener en cuenta gran cosa que inundan su aire, sus ríos y sus ciudades de peligrosos desechos que contaminan de una forma atroz.

    Sus prodcutos no podrían ser tan baratos cumpliendo unas mínimas normas ecológicas. Están largando miles de toneladas de basura a la atmósfera de nuestro planeta, que este sí que es de todos.

  5. El negocio de la «marca» ideológica. Los chinos son de comunistas como los sociatas socialistas, o sea, nada o lo que se tercie. Cuentos de la ideología. Negocio de la política.

  6. Me atengo a lo dicho por Berlín (¡felididades G. para todo el grupo «in terribus infidelium»), siempre gran ideólogo, es decir, gran desentralador de sentidos. Las ideas valen para alterar la vida pero también para que medren quienres se apropian de ellas. En China como en la Iglesia Católica, como en el Islam, como siempre.

  7. Una idea puede ser noblemente usada en comprar progreso, pero también, vilmente, para vender lo que se tercie. Sobre la ideología ha dejado de hablarse desde que los estudios marxianos decayeron –todo es moda en esta vida– y ahora pasan burros por caballos, todos los días, ente el consumero ciego del fielato.

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