Contra el presidente Obama se agita una cruzada en la que se confunden grupos racistas con corrientes populistas y fundamentalismos sectarios, por el momento en pequeña escala. Son frecuentes las imágenes públicas de Obama con atributos de Hitler o Stalin y menudean en los periódicos manifestaciones de la derecha radical que atribuye al Presidente nada menos que el proyecto de convertir los EEUU en “un país socialista”, en especial tras lo que consideran la “nacionalización de la industria del automóvil” y los forcejeos en torno a la generalización de la sanidad. Obama tiene enemigos y su popularidad decrece aunque, de momento, no ha saltado ninguna alarma en su entorno ni en los observatorios mediáticos. Un asunto notable se suma ahora al caso: la petición formulada al Presidente por el ex-candidato McCain y el congresista Peter King –dos grandes aficionados al boxeo—para que utilice la prerrogativa presidencial a favor de la memoria injuriada de Jack Johnson, el púgil negro que hace un siglo casi justo conquistó el título de los pesos pesados pero hubo de abandonar los EEUU perseguido por un FBI que por aquella época se atenía a estrictos criterios racistas y que se vieron exacerbados cuando el campeón noqueó a James Jeffries, la esperanza blanca de un país instalado en el tópico de la superioridad caucasiana. Pues bien, Obama ni siquiera ha contestado a esos requerimientos, tal vez temeroso de que una de sus primeras gracias recaiga sobre un negro famoso cuya memoria infama no sólo a un pasado intolerante sino a un presente nunca del todo libre del pleito entre las razas. Lo malo es que si un político en la cima de su poder no se siente libre para imponer un gesto tan elemental, no faltará quien saque partido acusándolo de indeciso o timorato. Entre estos últimos y los que vociferan que “está destruyendo el país” bien pudieran acabar organizando una coral inquietante. Y Obama, naturalmente, lo sabe. El Poder implica estas miserias incluso cuando es excepcional.

La paradoja es que el primer presidente negro se sienta condicionado por el color de su piel y tema adoptar resoluciones a favor de la minoría con un recelo que un presidente blanco no se plantearía siquiera, como lo prueba que sus dos predecesores, Clinton y Bush, han usado de esa prerrogativa hasta el punto de hacerla sospechosa ante la opinión pública. Todo el prestigio y la popularidad de Obama no bastan, en definitiva, para borrar de un plumazo la red de prejuicios que retratan a una sociedad tan lejana todavía de la concordia efectiva como para recelar del indulto de un negro condenado por los racistas hace nada menos que un siglo.

6 Comentarios

  1. Un caso bien elocuente, desde luego, quje demuestra que hay su parte de mito en el “mito de Obama” o que no es tan fiero el león como lo pintan. De hecho ya dio marcha atrás en Guantánamo aunque estñe aguantando el tipo en el tema de la reforma sanitaria. Quye tenga mucha suerte, por el hbien de todos.

  2. Si señor, un gesto significativo, un indicio de debilidad, de que no es oro todo lo que reluce. Hay mucho peso reaccionario en los EEUU y a Obama le hará falta un tiempo razonable para ponerlo en su sitio.

  3. Me uno a lo de ayer: que pague el imprudente. Y me sorprende, la verdad, el tema de hoy porque no imaginaba uno que Obama estuviera tan limitado (al fín, lo que se le pide no es tampoco siquiera unn indulto trascedente). Los “poderes fácticos”, don ja, los podres fácticos que están en todas partes.

  4. Que el poder del señor Obama sea limitado desde luego: es la regla en las democracias.
    Sin embargo , sobre este punto, quizas no sea porque no responde que no se entera. Démosle algo de tiempo, que si el Señor Jonhson ya ha esperado un siglo bien puede esperar un poquito más…..
    De todas formas, Obama no es el Quijote y no puede pasearse por el mundo enderezando tuertos….Y menos mal!
    Besos a todos.

  5. Curiosa alerta la que nos porprociona nuestro vigía particular, que tiene razón al recelar de esta limitación de un mandato enm plena luna de miel con la opinión mundial. Si el emperador no puede dispensar esa mínima y justificada gracia, es lógico preguntarse hasta dónde es de verdad independiente en su imperio.

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