Tiene lógica la designación de Manuel Rodríguez como “Defensor del Ciudadano” por parte de un gobierno municipal de signo radicalmente contrario; mucha menos tiene que los suyos se opongan a las claras o bajo cuerda, con voz propia o con la del PSOE. Y la tiene porque ese personaje ha demostrado durante años su dedicación plena así como su lealtad a los principios que en tan poco estiman sus compañeros a la hora del cambalache, es decir, cada dos por tres. Otra cosa es que como este “ombudsman” los ciudadanos vayan a disponer ya de tres “defensores” por falta de uno, un exceso que hasta puede que provoque interferencias más que beneficios. En una democracia deberían sobrar estos vigilantes del rigor, pero ya que hemos decidido instituirlos, lo menos es escogerlos bien, como acaba de hacer el PP eligiendo a ese dirigente histórico de IU, lo mismo que mantiene al frente de alguna empresa pública a personajes afines al PSOE.

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