Nadie en el PSOE  ha entonado el mea culpa y menos dimitido tras la derrota aplastante del 22-M. Cada cual culpa al de enfrente, en voz baja por lo general, mientras calcula deprisa dónde y cómo reciclarse en el “colocadero” del que todavía dispone el partido. Un caso: en Huelva, la principal derrotada en la capital es premiada con la presidencia de la Diputación, mientras tres alcaldes derrotados –alguno escandalosamente, como el de Valverde del camino—se ven socorridos de urgencia con sendas delegaciones de la Junta autónoma que pone en esas manos fracasadas los intereses de una Administración ya bastante deteriorada sin su concurso. Griñán pretende evitar que el partido implosione, como ya lo ha hecho en Almería o Cádiz, y para ello premia a los fracasados. Toda una exhibición de “mala práctica” que deja en evidencia el negocio de la política.

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