La Gestora impuesta por Chaves en Marbella va a sacar a subasta el ‘Rolls Royce’ de Jesús Gil y el ‘BMW’ de Marisol Yagüe porque sus bienvenidos miembros “no los consideran aptos dadas sus características”. Es la historia de siempre, el final de todas las satrapías que parecieron indestructibles hasta que un buen día se vinieron abajo. Un sargento americano de los que entró con Patton en Berlín confiscó para su general en una cochera nazi un costeado ejemplar de ‘Rolls’ que la Inteligencia (es un decir) descubriría, tras estudiar su matrícula y número de motor, que era nada menos que el famoso ‘Phantom IV cabriolet” utilizado por Hitler para aparecerse a sus muchedumbres en los días de desfile, lo que dio lugar a su envío a la patria donde acabó adquirido en pública subasta por uno de esos provincianos museos yanquis que son auténticas catedrales del fetichismo. Uno por el estilo que el propio Hitler le regaló a Franco parece que fue el descapotable que los Príncipes de Asturias utilizaron como carroza de cuento el día de su boda, pero hay todavía otros varios en manos del Patrimonio Nacional, uno de los cuales levantaba hace poco la protesta de coleccionistas de coches y dictaduras por haber sido “transformado en una vitrina con ruedas, maletero agujereado y aspecto de Papamóvil”, seguramente para disfrazarlo frente a la inevitable inquisición y a la curiosidad de las gentes. Hitler también le regaló a Franco dos ‘Mercedes’ que se guardaban en las cocheras de El Pardo y ahora andan reparando subvencionados por la propia marca. El coche fantástico es como el complemento, más aún, como una suerte de seña de identidad del sátrapa, que se siente desnudo y peatonal hasta que logra que le agencien un vehículo exclusivo y le pasen la factura al peatón. Esas subastas, indefectibles tras cada ruina dictatorial, vienen a ser como una pálida revancha democrática que se le brinda al pueblo soberano para que no pierda definitivamente el oremus y deje de pagar impuestos. El fetichismo es una pasión mucho más honda de lo que se ha venido creyendo.

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Aparte de las cocheras imperiales, la Gestora ha ido inventariando en Marbella cuadros de grandes maestros, jirafas disecadas, cajas repletas de joyas, bolsas con dinero contante aunque no sonante, cuadras de briosos ‘pura sangre’, arsenales de armas y hasta un helicóptero para redondear la escudería, lo que da una idea cabal de la envergadura del saqueo (ZP dice ahora “pillaje”, cuando ya ha pasado el pedrisco) y del grado de cinismo con que han actuado tanto los linces noctílopes como los guardas voluntariamente ciegos de ese parque temático. Todo lo cual no es sino agua de borrajas, si bien se consideran las cosas, comparado con el tesoro a medio levantar que la propia Gestora ha descubierto en los archivos de la ‘delega’ de Urbanismo viéndose obligada a precintar un día sí y otro también los obrones ilegales que contaban con la complacencia de sabe Dios quién. Una solución podría ser que, junto al fabuloso parque móvil intervenido, subastaran también esas urbanizaciones cuyo valor procede fundamentalmente de la especulación de un suelo que el Gobierno –más vale tarde que nunca– va a combatir ahora al tiempo que se sacan a subasta las preciadas reliquias de aquella edad de oro, incluidos el ‘Rolls’ “estentóreo” de Gil y el ‘BMW’ de su heredera. La corrupción es una novela que empieza discretamente en una sobremesa costeada y suele acabar en una subasta de coches de giles y yagües o de yates de condes y delarrosas petroleados por la KIO. Un túnel sabatiano que junta la cueva del bandido con el despacho oficial. Y un coche, siempre un coche fantástico, un auto superferolítico para dejar al cuñado y al antiguo vecino con las bocas abiertas y los puños apretados. Pero no es mala inversión comprarse uno de ellos. Ahí tienen al que Hitler le regaló a Franco haciendo de carroza nupcial de los Príncipes en plena democracia.

6 Comentarios

  1. ¿No sabe, señor anfitrión, que un mercedes o u rollos duran toda la vida si se tratan bien? No sé qué tiene que alegar contra el aprovechamiento de esos coches fantásticos, aunque le confieso que nunca hubiera pensado que la “nieta del taxista”, como ha dicho algún reaccionario refieriéndose a la asturiana, fuera algún día en un coche regalado por Hitler a Franco. ¡Qué cosas tiene la Historia, don josean, y qué dura la tiene más de uno. ¿no?

  2. para sr. griyo.
    Le aconsejo que lea la sentencia, que está colgada en la Red (o estaba). No tiene desperdicio, por más que cada juez le pusiera su tilde aquí o allá. En verdad, éste es un caso insólito y lo que no se comprende es que gente experimentada como Rubalcaba haya consentido semejante despropósito. Decía alguien el otro día que pobres policías los condenados, y la señora Esperanza Aguirre le contestaba que para pobre policía el que se tuvo o los que se tuvieron que callar y salir con el rabo entre las piernas por querar atenerse con escrúpulo a la legalidad. Yo también lo digo y doy gracias a lo Alto por ver el caso en manos ajenas.

  3. Siendo propiedad del Patrimonio Nacional, querido Maestro, no veo el inconveniente de que lo use quien tenga derecho a ello sin cuestionarme quien tiene derecho y quien no y hasta es posible que los usuarios no hubieran sido informados de la historia del auto.

    En eso del uso, me viene a la memoria el uso hecho por D. Felipe González del Azor y del Parque de Doñana, no recuerdo cual de los dos dio lugar a una petición formal de uso por parte de un funcionario público que después fue duramente represaliado.

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    Para Sr. Juez:
    No sé donde encontrar dicha sentencia, aunque poco puede importar mi análisis en comparación con los otros muy sesudos que se han hecho.
    Le pido a Vd. y a otros blogueros que cuando mencionen una página de la Red cuelguen en su comentario la dirección por el simple procedimiento de “copiar” y “pegar” (los que sean muy mayores les recomiendo que pidan ayuda a sus nietos).

  4. No desdeñe el valor simbólico de las cosas, señor don Griyo, aparte de que dudo que el Príncipe –¡y el Rey, que fue Jefe del Estado en funciones con Franco!– no conociera la historia del coche de Hitler. Los símbiolos tienen gran valor. Nadie en Francia o Inglaterra pasearía en un coche con esa historia, a menos que se inventara una buena excusa. Aquí cuando lo del Azor que usted recuerda quedó demostrado que la democracia no tendría inconveniente sino todo lo contrario, en reutilizar la simbología de la dictadura.

  5. Sr. Sureño, se dice y se desdice a la vez. ¿En qué quedamos? ¿El coche y el Azor o ni el coche ni el Azor?

  6. Escribo de mañanita, sabiendo que casi nadie alcanzará a leer ésto. Pero, sea.

    En muchos países de nuestro entorno, la Madera utiliza los coches de alta gama, incautados a facinerosos, tipo Gil, para labores de seguimiento a donde no se puede ir con un Opelcorsa. Los que no, deben pasar a Patrimonio, igual para pasear a un ministro que para otras utilizaciones oficiales. (Es una pena que aquí vivamos en un régimen monárquico, donde entre bebés y princesas -me da igual que sean nietas de taxistas o de cleptócratas de uno u otro continente- hacen falta muchos coches y muchos chóferes para que las revistas del hígado llenen sus pa´ginas de colorines) .

    ¿No estamos cansados de pedir que el mangante, además de estar guardado, debe devolver, je, je, todo los que se le puedaa rescatar aún? ¿No se llevan los pezqueñines a asilos y comedores sociales? ¿Por qué no va a dedicarse el cortijo de Roca, por ejemplo a residencias de enfermos mentales o a menesteres similares?

    Pero impera el “ahora me toca a mí”. Ya Zetapé se ha hecho la piscinita para la parienta y veraneado en los cotos de los señoritos. Y el pueblo gaznápiro aún sigue diciendo aquello de que le parece muy bien. Y les vota. Luego hay que tragarse que un posturitas com el Sánchez Dragó se deje caer con lo de de que le jode haber nacido español. Algunos no lo decimos pero por dentro…

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