Ha sido más que divertido y elocuente el parangón establecido por Chaves entre los Estatutos de autonomía y los coches. El nuevo le parece a él “un vehículo moderno, de altas prestaciones y dotado con un motor político inspirado en las más avanzadas tecnologías” mientras que el que se va a derogar y sustituir no pasaba de ser “austero, pero fiable si se conducía con prudencia, todos cabíamos en él porque era el mejor de su gama aunque sin demasiados extras”. Se ve que el “síndrome Saldaña” lo ha marcado sin remedio pero cuando ya se pasa lo impasable es cuando asegura que “en esta ocasión nadie ha intentado vendernos mercancía de segunda mano”, lo que no tiene otra traducción posible que la de admitir que en 1981 sí que nos la colaron de rondón. A su partido, más bien, que fue el que llevó la voz cantante. Chaves gana mucho callado y se pone él solo a los pies de los caballos en cuanto abre la boca. 

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