No tiene sentido la porfía sobre lo que ganan nuestros políticos. Habrá entre ellos unos pocos, seguro, quien pierde dinero al abrazar el “servicio” público, pero es un verdadero escándalo el conjunto de esos haberes en medio de esta angustiosa crisis. ¿Puede trincar más de 7.000 euros al mes el presidente del PSOE sevillano, pongamos por caso, con un currículo que cabe en un papel de fumar y sin tener en cuenta su inquietante presencia en muchos de los graves fregados que investigan los jueces, incluido el de los ERE fraudulentos? Pues no, desde luego, en un país de parados en el que el mileurismo se ha convertido en un privilegio y en el que una legión de jóvenes brillantes va por la vida con una mano atrás y otra delante. Es un chollo la política para muchos. Para los menos cualificados, sencillamente, es el negocio del siglo.

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