Tres edificios madrileños han sido el santo y seña de varias generaciones de la postguerra. De la de nuestros padres lo fue el de la Telefónica, orgullo de “gatos” y “manolas” que en la barra de Chicote levantaban comparaciones ya hasta con Nueva York. De la de los estudiantes, algo paletosos, que llegamos a Madrid al término de los años 60, lo sería la Torre de Madrid, a la que desde la Gran Vía vimos crecer piso a piso mientras nos quitábamos el pelo de la Dehesa con nuestra novias adolescentes en la “parilla” del otro gran portento urbanístico del siglo, el Edificio España, que venía a ser como el “séptimo cielo” con vistas al extrarradio. Claro que aquella España no estaba entonces en venta ni había, entre otras cosas, quien diera un duro por ella, razón por la que la historia del chino rico ése que ha ofrecido a Botín una fortuna por el histórico edificio puede que entusiasme a los modernos partidarios de la internacionalización del capital, pero no deja de removernos las entrañas a quienes seguimos anclados en la nostalgia de un pasado en el que el país aún no era una “marca” ni otras muchas cosas. Si le vendemos la Costa Brava a la mafia rusa y la del Sol a los jubilatas ingleses que aprovechan para arreglarse la hernia o ajustarse gratis el marcapasos en nuestros hospitales, tenía que llegar el momento en que también se pusiera en almoneda la capital comenzando el despiece por los edificios más señeros. ¿Y para qué quiere Botín el Edificio España si lo mantiene cerrado a cal y canto, expuesto a que cualquier día se descuajaringue y venga abajo con nuestras lejanas nostalgias? Me consuela pensar que nuestros hijos, discotequeros y movidistas, viven en la dimensión horizontal como nosotros vivíamos (algunos, bien entendido) en aquellas alturas empíreas.

 

Total, que el chino rico se va a dar un agasajo postinero en el mismo cogollo de las Españas mientras los chinos medianos y más chicos se forran apostando sus bazares en nuestras esquinas, proveedores lo mismo de una barra de pan que de una bicicleta para el nene, lo que quiere decir que la invasión es total y que dentro de poco de la vieja y orgullosa sardina no va a quedar más que la raspa. Que es, por lo visto, lo bueno y conveniente, según nuestros ecónomos, por más que parta por el eje a los anacrónicos que añoramos, insensatamente, un pasado que ni fue mejor ni peor, quizá, pero que ahí está en nuestra memoria como inervando la conciencia de pertenecer a la tribu.

5 Comentarios

  1. (No se me quite años, mi don Anfi, que al final de los sesenta era un servidor el que paleteaba por la Plaza España y el templo de Debod. Claro que somos de la misma quinta, máomeno).

    No sabía yo que el España era de don Botín, que se supone debe abonar un perraje de IBI al ayuntamiento felino.

    No recuerdo cuando leí que algún Botín anterior decidió unir el bucanero apellido con el de Sanz de Sautuola y me produce una gran ternura pensar en aquella chiquilla, María, que acompañaba al padre por los interiores de la cueva que le había susurrado un cazador. Mientras uno se imagina al ilustrado Botín, alumbrado con su carburo procurando no pisar en falso, la inocente criatura -nada más despierto, ni más vivo, ni más inquieto que una chiquilla de pocos años- hacía una exploración visual de 360º y tirando al padre de la chaqueta, musitó brevemente, “Papá, ¡vacas!” por las que ella veía en el techo.

  2. (Fuera de cntxt)

    ¡Anatema, anatema!

    Miren lo que escribe el relamido, iconoclasta y últimamente comecuras don Gala en su tronera mundial. Al menos en la que leo en Orbyt:

    …su cónyuge ya habla de dónde huir en la Semana Santa…

    Mi profesor de Preceptiva Literaria le habría puesto un manchurrón rojo en ese dónde y un asterisco. Al final de la redacción junto al asterisco pondría: adónde.

  3. Madrugo hoy (en términos relativos). Me ha gustado extraordinariamente bel artículo y me he preguntado una vez más por qué esta criatura no se presenta nunca, como hacen sus colegas que no nombraré, a todos los certámenes. Temas tan variados con un estilo tan profundo hay en España pocas plumas capaces de sostener. Y eso del chino rico me ha encantado sobre todo esa frase resumen de la España en almoneda…

  4. No sólo España está en almoneda. Francia también y supongo que lo mismo pasa por toda Europa occidental,…aunque creo que los Italianos, ultimamente , vuelven a comprar lo qque habían vendido.
    Besos a todos.

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