El SAS, un buen sistema público de salud, está plagado, sin embargo, de chapuzas, y se dice, con razón, que en buena medida funciona por mérito de los sanitarios y ‘a pesar’ de la Junta. Vean el caso de los médicos interinos tratado a la patada laboralmente, que acaban de negarse en varias provincias a aceptar los humillantes contratos de tres meses para exigirlos de un mínimo de un año, reclamación que parece más que razonable. Si El SAS persiste en su radical designio de ahorro (mientras, por cierto, el gasto corriente sigue su curso de la Junta) acabará poniendo en peligro el propio derecho de los usuarios además del de los profesionales que los sirven. El actual equipo de la consejera Montero ha dado sobradas pruebas de su incapacidad para gestionar cualquier cosa que no sea la rutina.

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