La invención del cero ha merecido de un especialista máximo como Georges Ifrach, en su monumental obra sobre las cifras, la calificación  de “principio revolucionario”. Los contables de todas las civilizaciones comenzaron, tras la invención de los números, a desarrollar sus cábalas representando cantidades por cifras que indicaban valores concretos al margen de su posición. Así se trabajó, tanto en las contabilidades egipcias, tan prolijas como hoy sabemos, como en las practicadas en Grecia, Roma o Israel, con la curiosidad de que si es verdad que hubo un signo para representar el Vacío –el doble clavo oblicuo de los babilonios, mismamente—no lo hubo para significar la Nada, que no se considerarían sinónimos hasta mucho después. El cero fue una revolución, ya les digo, según los sabios, y para qué hablar del “cero a la izquierda”, curioso “signo insignificante” si me permiten esa tautología casi solecista, pero que da un juego enorme al menos en el plano retórico. Escuchen lo mismo a un conservata que a un sociata prometiendo con vehemencia decir y repetir eso de “Tolerancia, cero” o aquello otro de “¡Corrupción, cero!” que, en el fondo lo que pretende garantizar es justamente la intolerancia absoluta frente a algo que se detesta, para comprender que ese “cero” que se emplea en la retórica política es un cero a la izquierda –y noten que escribo la palabra con minúscula—y no un exponencial cero a la derecha que es lo que, de hecho, desgraciadamente, acabamos comprobando que ha sido el aplicado. Los políticos actuales utilizan esa expresión llamativa convencidos en su interior de que las palabras se las lleva el viento (“las palabras son aire y van al aire…”, versificaba Bécquer) y, en consecuencia, no comprometen más allá del efecto emocional, mitinero, que puedan producir sobre todo en los afines y en los babiecas.

 

Un cero absoluto habría que ponerle a todos esos numerólogos camelistas, pero no a la derecha, sino a la izquierda. ¿O es que alguno de ustedes recuerda una sola de esas promesas cifradas que haya dado de sí algo más que un titular? Nuestros prohombres son grandes minervas iniciadas en las “cuatro reglas” aunque entiendo que restan mejor que suman y dividen mucho más que multiplican, elevando el cinismo a su enésima potencia. Personalmente, si les oigo prometer que alguna maldad va a ser reducida a cero, me echo a temblar, convencido de que la verdad debe de andar por el envés de ese socorrido haz.

6 Comentarios

  1. Yo creo que sería interesante adivinar en que punto geográfico-político se encuentra el km cero por aquí abajo. También puede haber casos de gente que valga incluso menos que cero, es decir, que lo suyo es -0.

  2. ¿No se olvidan del cero absoluto? Si mal no recuerdo, que sí, que mal, a la temperatura del ‘cero absoluto’ las moléculas han perdido toda su capacidad de energía careciendo de movimiento alguno.

    Nuestra política, mejor, nuestros políticos rozan, ¿rozan o absorben?, el cero absoluto.

  3. No sé por qué tanto tacto, querido ja, porque yo veo ese cero a la izquierda, a estas alturas del siglo, lo mismo en la derecha que en la izquierda. Aunque no sólo a la política hay que endosar este momento crítico de una Humanidad y una Civilización inmensa y, al tiempo, mísera. Mi pésame por lo de Félix, amigo: vamos entrando en una edad peligrosa donde estas noticias nos acechan cada mañana.

  4. Cero a la izquierda nos dejó ZP. Ahora somos según parece por lo menos decimal, 0’0001 España. Conservo esperanza de que todo mejore, incluso sin Pedro Jota, que el PP se va a arrepentir…, ya van a verlo.

  5. El lunes tendremos tema para discutir y divertirnos entre enseñantes. Cuánto aprendo en esta columna. Un alumno, tras un comentario de una de ellas, me dijo que se imaginaba a don jagm como un hico de cuarenta años, alto, moreno y de mirada displicente. No le dijimos nada. Al fin y al cabo era un alumno de primer orden.

  6. Añada a la descripción de don JA que tiene un cabello gloriosamente ensortijado y fue un hábil futbolista hasta hace poco.

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