Sé que voy en este caso contra no pocos pero entiendo que es lógico y justo apoyar la propuesta del ministro de Obras Públicas frente a la huelga encubierta de los controladores aéreos. En España sigue causando sarpullido la mera mención del recurso  Ejército y a eso se debe que tantas voces hayan recibido con desconfianza el proyecto ministerial de recurrir a los controladores militares para acabar de una vez con el chantaje manifiesto que, tanto ellos como los pilotos civiles, vienen ejerciendo por tradición en defensa de unos privilegios laborales realmente inasumibles. Pero ese recurso –que alguien ha tachado incluso de franquista—no tiene nada de descabellado y más en una situación en la que el Ejército ha dejado de ser aquella institución cerrada, no poco inútil, para convertirse en un instrumento del Estado cuya misión no es sólo pegar tiros sino acudir donde lo mande el poder civil y lo reclamen las necesidades de la sociedad. El vehemente debate que postula la incompetencia de los controladores militares para tareas civiles carece de sentido, bien entendido –y eso lo ha dejado claro el ministro—que será necesario habilitar debidamente a aquellos profesionales, esencialmente idénticos a los civiles, aunque cobren una miseria si con las nóminas de éstos se comparan las suyas. ¿Acaso un controlador, civil o militar, requiere una formación equiparable a la de un  neurocirujano o un físico de partículas, aunque gane más que los dos juntos? Pues evidentemente no, y por lo mismo el ministro hace bien en proponer –y me honra que haya aceptado en directo mi propia propuesta—que se proceda de manera que el monopolio actual se disuelva al disponer de una reserva de técnicos militares con todos los requisitos precisos para substituir a los civiles llegado el caso. Muchas veces va el cántaro a la fuente hasta que se rompe. Incluido el de estos huelguistas.

 

No debería el ministro tomar a título de inventario la idea de esa reserva militar de técnicos porque con ella nos libraríamos de una vez por todas del inevitable chantaje que hemos de soportar vacación tras vacación. Si que ello suponga la menor aversión a unos profesionales que se han ganado el puesto en unas costosas oposiciones libres, iguales pero no superiores a las que tantos otros hemos ganado. Se trata simplemente de ponerlos en su debido sitio garantizando el derecho de todos. ¿Acaso no se hizo lo propio en Sagunto, en la agricultura, en nuestros astilleros y hasta en el cuerpo de notarios? Fórmense de una vez mirando al ejercicio civil pilotos y controladores y se acabó el cuento. Lo demás será pan para hoy y hambre para mañana.

3 Comentarios

  1. Totalmente de acuerdo. El hecho de que, como denuncian ahora los huelguistas, la arremetida del Ministerio contra estos privilegiados salariales oculte la necesidad de distraer al personal del dinero derrochado por Aena (doce mil millones de euros, según se denuncia) y la búsqueda de privados que se hagan cargo del pufo, no quita lo acertado de lo aquí expuesto por José Antonio.

  2. “Muchas veces va el cántaro a la fuente hasta que se rompe. Incluido el de estos huelguistas. ” No veo cómo esta buena idea podría dejar de aplicarse a otros colectivos no menos importantes. Hemos aprendido a conformarnos y a resistir estoicamente esperas de meses para un ingreso programado (o días en un pasillo para una cama urgente) o años para que la justicia resuelva tal o cual pleito menor. ¿Quién pone esos otros cascabeles? ¿El motivo de llevarnos las manos a la cabeza es lo que cobran?
    Saludos

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