Otra vez, más o menos diez años después, el gregoriano, el canto atribuido a Gregorio Magno, triunfa en los programas de actualidad musical de este mundo secularizado. El canto llano, unísono arrasa en los “top” como hace un decenio ocurriera con las voces claustrales de Silos. Se trata ahora de los monjes de Stift Heiligenkreuz, una abadía cisterciense perdida en la Selva Negra, cuyas voces han arrasado este verano hasta constituirse en el “buzz” musical “desde Londres a Pretoria”, pasando por encima de Madonna, Bashung o Renan Luce con sus cuadradas y virgas, neumas y epicemas, notas fundidas con el texto de modo inextricable y en su conjunto opuestas al desconcierto contemporáneo que triunfa en los escenarios. Quien canta, ora dos veces, decía Agustín, y eso es lo raro porque esta vez los oyentes desconocen en absoluto el texto sagrado, indiscernible de la partitura, y sin embargo se pirran por él como ya ocurriera cuando entre los ‘yuppies’ de Wall Street se pusieron de moda a un tiempo el canto llano y el padre Gracián. Desde el día en que una mano colgó en ‘You Tube’ la primera antífona de esos monjes, se han registrado cientos de miles de visitas, lo que apunta a un éxito similar al de los monjes de Silos que llegaron a vender seis millones de copias, pirateo aparte. Puede que, en fin de cuentas, no sea tan peregrina la profecía de Malraux sobre la religiosidad del siglo XXI, o que tengan su parte de razón los objetores de la secularización que apuestan a que fenemonólogos o estructuralistas debieron de dejar fuera algún factor decisivo al profetizar la desacralización plena e irreversible del mundo y de la vida. ¿Por qué, si no, compran esos discos y se complacen en sus monodias tantas y tan diversas gentes?

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Lo curioso es que la prioridad del mensaje, decisiva en el gregoriano  original, incluida la proeza melódica de sus ‘melismas’ polisónicos, no cuenta ya en un mercado que, entre otras cosas, nada sabe del latín y que poco aprecia esos enigmas cantables. ¿Qué es lo que busca el nuevo oyente en el canto llano, acaso la relajante hipnosis frente a la disonancia y al estruendo habituales, quizá el enigma melancólico repetido como un mantra desde las más absoluta ignorancia de su significado? No hay en las melodías ritmo ni cadencias, sino palabras decoradas por notas purísimas, dicen que algo esencialmente distinto a todo lo habitual en la batería del siglo y extrañamente parecido a nuestra propia respiración, al ‘pneuma’ primitivo que nos mantiene en vilo frente a la Nada y nos acarrea el extraño privilegio de la conciencia. Ha habido estos años no pocos intentos fallidos de imitar el milagro de Silos (a cargo de monjas, lamas, fundamentalistas congoleños o sectarios americanos), pero ni uno solo de ellos ha logrado encaramarse al ‘hit parade’ y menos todavía permanecer firme en él durante tanto tiempo. Dicen los expertos que es posible que la oreja contemporánea esté ansiosa de estas armonizaciones templadas, quién sabe si por rechazo o saturación de una música que ha hecho del estruendo un santo y seña, reduciendo al oyente a una entidad minúscula abducida por la ilusión de ser un elemento activo, gestualmente imprescindible del correspondiente des/concierto. Trasladado del coro al mercadillo, un ‘Gloria’ no es una oración, supongo, tanto como un ansiolítico y, por qué no, como un miorelajante, en el puede que el comprador se busque a sí mismo o incluso que no busque nada sino precisamente ese vacío confortable, esa óptima simbiosis del latín no significante disuelto en la secuencia hipnótica de la armonía. Yo creo que dice mucho sobre nuestro tiempo esta moda fenomenal. Bastante más, seguramente, de lo que pueda creer el ‘disk jockey’ o el mismísimo comprador.

9 Comentarios

  1. El ensayo antropológico es lo que manejas con profundidad y soltura.

    No tengo nada que objetar a lo que has descrito y mucho menos añadir.

    Gracias por ello.

  2. Excelente, maravillosa, magnifica reflexión sobre los enjambres de bípedos actuales.
    Todo eso y más creo que aporta la música gregoriana a nuestras sociedades vacías , consumeristas pero ansiosas de sentido.
    Me encanta el gregoriano. Es algo que a la vez me relaja, me vacía la cabeza de problemas y nemiedades y me ensancha la vida y el horizonte. Escuchando un melisma que recalque bien la palabra , que añada sentido a la letra, se me saltan las lágrimas. Me encantan también las obras de Hildegard von Binder.
    Besos a todos.

  3. Será porque en este mundo abrumadoramente cuantificador que nos rodea aún sabemos reconocer aquello que nos conecta con lo más íntimo de nosotros mismos, nuestro mundo emocional, que aunque queramos o no es el que en realidad predomina. Aunque siempre aparecerá un Guido d’Arezzo que grite a los monjes cantores “a menudo no parece que alabemos a Dios, sino que luchemos entre nosotros”. Será eso, que en este mundo ¿totalmente secularizado? ya no nos consideramos instrumentos de Dios ni cuerdas tocadas por su Arpista, aunque muchos sigan con su anhelo y tengan que buscarlo en su “fondo del alma”. Algo más bonito que “sistema límbico” que diría el neurobiólogo.
    Saludos.

  4. Recuerdo que el dinero actual es fiduaciario, pura fe, que en realidad sólo tiene la misma materia que nuestras creencias. Ya sé que es sabido, pero no creo que esté de más recordarlo. Como que, como decía Fustel de Coulanges, no hay nada más poderoso en este mundo que una creencia, fruto de nosotros pero que nos domina. Que sea de carácter cuantitativo no pienso que ello cambie demasiado su carácter «divino».

  5. Muy interesante, aunque algo no veo la relación con lo que se está tratando: la emoción que puede despertar el fenómeno gregoriano en la música de la sociedad actual. Alguno parece que se confunde de «Foro», o que su esfera pensante tienen que englobar a todas las demás. Eso sí que es creer a raudales.

  6. Deus mi, Deus mi, qué horitas. Una servidora que ha saltado tantas veces al redondel abriendo plaza…

    Vamos al turrón. Este hombre, nuestro Anfitrión, me recuerda a uno de esos órganos monumentales cuya variedad de voces admira a quien queda envuelto en esa música total. Tiene registros inospechados y el botón de ahí arriba es buena muestra.

    Les juro que entre el infinito de mis carencias, una de las que más echo de menos es la habilidad musical. Hada madrina me privó de ese don, como de tantos. No obstante he disfrutado como una santateresa, ejem, cantando la Misa de Ángelis, con ese Kyrie melismático, dulce y fluente como un mínimo arroyo sonoro entre plácidas orillas. (Jo, estoy que me salgo). Con una monja, pelín exhibicionista que nos dirigía acariciando los compases, combinando fortes y pianos y nos hacía sentir embelesadas.

    Aunque desde luego, es más hermoso oir esas partituras del tetragrama en un coro de voces graves, cuando basta cerrar los ojos para sentir susurrar la brisa en el »enhiesto surtidor de sombra y sueño»…

    (¿Qué foro o blog que se precie no contiene alguna puyita entre casineros? Ayer, mi respetado y admirado don Chic me refutaba mi teoría de la familia o maestro ejemplar utilizando un término para mí muy querido: ‘ósmosis’. Pues sí, mi don Genaro. Un niño es no ya una membrana sino una esponja que absorbe, que imita. No sé si usted tiene hijos, pero los imagino, pasada la fogarata de la adolescencia, repitiendo los buenos ejemplos que sin duda usted les proporcionó.

    Y a mi don/doña (?) Caleuche le digo algo que repetí antes muchas veces. Este rincón casinero permite los cambios de tercio. No nos da el Anfi una clase magistral, que también, de cuyo tema una no pueda salirse. Yo siempre lo consideré amistoso casinillo, aunque un poco devaluado por admitir señoras, aunque seamos de tan alto nivel como mi doña Sicard y moi-même, je, je, es broma, y sobre todo porque como decía Groucho admita socias como yo).

    Besos a todos.

  7. Don Caleuche mi Doña, Don Caleuche. Seguro que el Anfi sabía que mi esposa era una loba marina. Mis disculpas a D. Chic, pero con el canto gregoriano veía una buena oportunidad para escapar de estos ruidosos bellacos que tengo por tripulación y que sólo piensan en conseguir más botín. Por eso al salir el dinero a la palestra me han llevado de nuevo los mengues.
    Saludos a todos.

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