¿Se imaginan a Pablo de Tarso, ese teólogo visionario, sometido a la regla de que sus epístolas no podrían pasar de los 140 caracteres? ¿Es posible imaginar esa teología tartamuda, sincopada, por fuerza escrita en mensajitos micro de Twitter para llegar a las comunidades lejanas y desentrañar la formidable madeja de la nueva fe sin poder pasarse ni una letra de la regla establecida? No sé, por supuesto, como se las van a arreglar el Pontífice y sus edecanes para acuñar esos twitts y embutirles dentro tan complejos contenidos como reclama la fe actual, que es la de siempre pero no es la misma, no sé si me explico. Uno de esos ayudantes, Carlos M. Celli, aclaró que la Iglesia debía llevar el compás de la modernidad sin no quería acabar infringiendo “el sentido de la culpabilidad ante Dios”, ahí es nada, por no poner a disposición de su servicio ecuménico el nutrido repertorio de novedades tecnológicas que se van produciendo en esta novedosa era, con el fin específico de “anunciar el evangelio”. Eso sí, en 140 caracteres cada vez, comprimiendo las ideas como una boa constrictor si fuera preciso para posibilitar que la “buena nueva” llegue a gente muy lejana, no ya en la epístola esplendorosa sino en esa miniatura filológica que han inventado los tiempos. “Si el lenguaje de ahora es éste, vamos a por él”, declara el responsable de la evangelización cibernética, por más que no explique cómo aviárselas para lograr ese nanomensaje que parece que es el último tren del sermonario. Se nos recuerda que Pío XI, en 1931, envió un mensaje en Morse a través de Radio Vaticana, pero al menos a él no le impusieron un límite tan rígido como el que gasta twitter. Ya veremos qué ocurre cuando se trate de twitear el misterio de la Trinidad o la parábola del hijo pródigo.

La polémica entre antiguos y modernos es una constante en nuestra Historia (Maravall escribió un soberbio libro sobre la cuestión) y no hay momento en ella en que los “novatores” no acaben soltando chispas contra el pedernal de la tradición. Pablo era un “novador”, por supuesto, cuando se levantó ciego en el camino de Damasco, pero los modernistas de hogaño no son más que seguidores de una innovación cuyas reglas de hierro difícilmente permitirán los juegos trascendentales. Dice el acólito que el papa debe usar su twitter sobre todo para escuchar. ¡Aaaah!, eso ya es otra cosa. Seguro que los católicos a machamartillo habrán respirado al oírlo.

3 Comentarios

  1. Muy conforme con que el Twitter no parece el vehículo apropiado para la evangelización. Lo de teología tartamuda es magnífico.

  2. No creo que esté usted en condiciones de menospreciar la decisión del Papa y por lo tanto rechazo esta columna a pesar de que la leo diariamente y por lo general con agrado y admiración.

  3. Viendo el otro día “Los Diez Mandamientos” me vino una reflexión al respecto: Que no se puede decir más con menos palabras. Admitamos que Moisés fue un precursor de las modernas tablets y de los tweets.

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