No recuerdo ningún partido que no haya escalado al poder sin apelar al cambio. Tampoco me vienen a la memoria demasiados casos en que hayan cumplido su promesa. Juanma Moreno ha estallado en Cádiz exponiendo –“desde la humildad”– un balance del “Gobierno del cambio”, y ha resaltado logros difícilmente discutibles: reformas, diálogo, liderazgo, transparencia y anticorrupción. Frenando el optimismo, habría que reconocer que no le faltan argumentos para ello, pero también que quedan pendientes todavía importantes compromisos, incluyendo, entre otros, alguno tan incomprensible como el aplazamiento o regateo frente a la pactada eliminación de la llamada “Administración paralela”. Hay que admitir que corregir en tres años los errores de casi medio siglo sería poco menos que un sueño.

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