Aunque cueste creer que aún quedan en el planeta rincones escondidos en los que se conserven muestras de la primitiva Humanidad, una organización brasilera dice haber descubierto una etnia perdida de la que al menos doscientos individuos sobreviven aislados por completo de nuestra civilización. Es un misterio para mí cómo esa presencia no ha sido nunca detectada por el ojo del satélite, pero el caso comprobado es que ahí está esa Humanidad intacta, pacíficamente instalada en su “hortus conclusus” en el que pujan viciosos el maíz, el banano y el maní, de espaldas a una civilización de la que hasta ahora se han visto libres pero cuyos prodigios han tenido que ver tantas veces cruzar los cielos de su edén, quién sabe atribuyéndole qué míticos significados. Bien, ya tenemos ahí otra vez el dilema que, como “civilizados” (es un decir) nos plantea nuestro sentido coercitivo de una civilización fuera de la cual sólo concebimos la barbarie ajena, como si la propia no fuera bastante abrumadora, es decir, ya tenemos planteada de nuevo la cuestión de si hemos de “rescatar” a esos indígenas de su inocencia primordial, con cuantos riesgos conlleva la operación para los rescatados, o bien dejarlos en paz para que continúen libando el néctar de esa “estado de Naturaleza” que, entrevisto por Locke, popularizó ya en clave romántica un Rousseau impresionado por las consejas traídas desde los mares lejanos por tipos como el capitán Cook. ¿Hemos de redimirlos de su miseria natural o dejar que continúen su existencia apartados de todo, ajenos a la rémora de la moral, pacíficos por naturaleza, iguales e inocentes en su desnudez y quién sabe si felices en su preservada animalidad? Siempre me horrorizó la escena colombina de la presentación de los indios a los Reyes que venía a ser un  poco como la película del “Emilio” rousseauniano rodada al revés, es decir, desde el “estado de Naturaleza” al “estado de Sociedad”.

 

Parece que por una vez prevalece la discreción y la autoridad brasilera se resiste a turbar esa “paz natural” que es, qué duda cabe, el clima de un estadio anterior de la especie que no dejaría de ser arriesgado cuestionar ofreciéndole una opción que bastante tiene con administrar sus propios fracasos. Ha quebrado la idea de la superioridad moral de una civilización, implacable hasta ahora con esas minorías “naturales”, y enfrascada sin cesar en la ingente tarea de destrozarse a sí misma. No quiero imaginarme a taladores arrasándoles su selva ni a misioneros imponiéndoles sostenes y taparrabos después de haber llegado hasta aquí libres de culpa. Porque yo no creo que Rousseau llevara razón

pero nosotros llevamos todavía menos.

8 Comentarios

  1. El fondo rousseauniano nos hay quien nos lo quite, querido, ¡y mira que se han hecho esfuerzos para ello! También yo contemplo esa noticia dsede la duda radical, desconfiado de nuestra CIVILIZACIÓN auqnue incrédulo con el mito del “buen salvaje”. Y la extrañeza porque nadie los hubiera visto antes…

  2. Es previsible que la quiebra del idílico aislamiento de estos pueblos vendrá en gran medida condicionada por el interés suscitado en las cadenas de televisión y sus reportajes. De ahí a verlos en portada de los suplementos dominicales y a formar parte de viajes organizados de aventura habrá sólo un paso. Saludos cordiales

  3. Lleva mucha razón don Rafa y le recuerdo, como nhace el columnista, la fascinación “ilustrada” por los “buenos salvajes” que descubían por entonces los grandes navegantes. Si la noticia es cierta, nada bueno le auguro a esa “reserva” de la Edad de Oro. Que no debe de ser tan áurea, como de sobra sabemos, ni tan deliciosa, y menos tan pacífica.

  4. Un final muy decoroso y realista para un tema sorpredente. Los anrtopólogos son grandes imaginativos, a ver quién es capaz de negar eso.

  5. ¿Recuerdan la película en la que los “salvajes” enconmtraban la botella de coca-cola y deducían que era la divinidad? Lo que más me ha gustadpo de la columna ha sido esa sugerencia de que los posibles descubiertos habrán estado viendo sobrevolarlos esos pájaros brillantes y ruidosos durante años sabe Dios con qué interpretación. A lo mejor aprendían mucho los mitólogos hablando con ellos.

  6. ¡Déjenlos en pez, pobres criaturas! Recuerden lo que ya pasó con los “descubridores”. Creo entender que al autor va en este sentido y me alegro infinito.

  7. No me lo creo. Seguro que saben quienes somos pero se hacen los tontos. lo que significa que son muy muy sabios.
    un beso a todos.

  8. ¿Y si resulta que son “extras” de un anuncio? No creo que haya nada en lña siperficie de la Tierra que escape durante años a los satélites capaces de “ver” una matrícula de cohce o una caja de cerillas.

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