Sin quitar las “concertinas” de la vallas antiinmigrante como había prometido reiteradamente, el Gobierno ha autorizado a esos parias –de golpe y porrazo y  apetición de los propios agricultores que ven pudrirse sus cosechas– a trabajar legalmente en nuestros campos. Los que hasta ayer eran denostados  y vistos como competidores laborales, los mismos que, ¡incluso en plena pandemia!, saltan desesperados la famosa “valla”, resulta que nos hacían falta para evitar el colapso de un campo en el que nuestros parados rehúsan trabajar. El maldito virus nos mata al tiempo que nos da estas saludables lecciones, pero  cuando estalle la paz y vuelva la normalidad, verán como regresan también los tópicos y el trato inhumano, la xenofobia y el desprecio. El darwinismo social tenía, por lo visto, el techo de cristal.

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