A una “marine” norteamericana los manitas de un gran hospital del Imperio le han implantado un “brazo biónico”, a saber, una extremidad superior artificial en sustitución de la natural que había perdido en un desdichado accidente. Se trata de un complicado artilugio insertado en el muñón del hombro que, a través de un laberinto de trebejos electrónicos, consigue trasladar a la mano, al menos en teoría, las órdenes emitidas por el cerebro y, en consecuencia, permite a la mutilada recuperar esas capacidades prensiles que –dicho sea con permiso del integrismo yanqui y del creacionismo papal—parece que fueron haciendo en su día del simio primordial, primero un ser hábil y, luego, un animal fabril, esto es, capaz de agenciarse por su cuenta y riesgo los instrumentos necesarios para dominar dentro de lo posible a la Madre Naturaleza. La relación entre la mano y el cerebro, en que Farrington y su descendencia fundaron la ‘humanidad’, ha sido uno de esos temas capaces de mantenerse indefinidamente en el candelero dialéctico, vista siempre en la perspectiva catenaria que Ortega dibujó en el prólogo que le puso a Spengler hace muchos años, al escribir aquello tan historicista de que “a la punta del puñal de Bruto sigue su mano, y a la mano el brazo movido por centros nerviosos donde actúan las ideas de un romano del siglo I”. Las imágenes que hasta ahora nos llegan de la biónica nos la presentan trasteando en el hogar, agarrando la sartén con la mano original y con la artificial la cuchara de palo, pero el esperanzador acontecimiento nos confirma que , al fin y al cabo, en la imaginación romántica de un Byron o una María Shelley estaba ya entera y plena la filosofía postindustrial del injerto que hoy hace ya milagros como el que nos ocupa.

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La cuestión está en saber si es apropiado decir que esa mano prometeica obedece de verdad al cerebro o actúa mediatizada por los trebejos electrónicos y, en consecuencia, sin la autonomía efectiva de que dispone la mano biológica. Pero con independencia de lo que más adelante acabemos decidiendo sobre la cuestión, no parece dudoso, a la vista de los movimientos reproducidos, que aquellas órdenes libérrimas del gran centro nervioso en que Ortega imaginaba a las “ideas” como inquilinas por su casa, llegan de momento a la mano ejecutora filtradas por un medio tan complejo y eficaz que, en muchos casos, las vuelve prácticamente irreconocibles. A uno esta imagen del brazo biónico, sin detrimento de su trascendencia clínica, le sugiere una ardua metáfora sobre la mediatización social que está convirtiendo al hombre actual, íntegro o mutilado, en una marioneta que cree ingenuamente actuar con libertad cuando, en realidad, no hace sino traducir mecánicamente las órdenes remotas que recibe desde un centro ajeno y una vez interpretadas en el laberinto de sus transmisores. Como esa “marine” injertada, el ciudadano íntegro abre y cierra la mano o los ojos al dictado del ‘medio’, actúa o se inhibe, gasta u ahorra, se cuida o destruye condicionado (o quien sabe si ‘determinado’) por ese filtro que el filósofo identificaba con la realidad histórica y que ha resultado que no es más que la informática. La sombra de ‘Frankenstein’ –la del doctor y la del monstruo—planean sobre un progreso que insistimos en acreditar como liberador desdeñando olímpicamente sus efectos mediatizadotes, la falsificación relativa de la libertad que ha hecho de estas democracias imaginarias un paradigma tan prestigioso como irreal. La tele ha mostrado a la mujer en su cocina, ya digo, monstruosa y feliz, liberada y esclava, bella en su desafiante anfibología, en su escalofriante imagen de mujer-máquina o de híbrido atrapado entre la mecánica y la humanidad, y hemos podido ver en ella reflejada nuestra propia imagen de ciudadanos libres que salen y entran, suben o bajan, venden o compran y hasta votan con una mano prestada que mueve un cerebro secreto.

63 Comentarios

  1. Se ve que sigue el marasmo del “finde” (argot juvenil), pero hay que decir que tanto la columkna de ayer como la de hoy son sugestivas hasta dejarlo de sobra. Hay en la reflexión sobre ese injerto y su paralelismo con el control social de las conductas mucha y saludable “doctrina”. Estoy aguardando impaciente a que se pronuncie don ja sobre el incidente del papa con el islamismo. Seguro que tendrá el valor de podner las cosas en su justi medio, cosa eu, por esta vez, no ha hecho hoy el editorial de su periódico. (Perdone, ja, pero usted suele repetir lo de Juan sobre la Verdad que nos hará libres…).

  2. 13:05
    Estoy seguro de que el brazo biónico y la mano prometeica obedecerán al cerebro de la marine o no según su mantenimiento mecánico y la calidad de su software. De lo que sí estoy seguro de que no actuará por cuenta propia ni maliciosamente.

    Veo claramente, en la reflexión de ja, la millonada de cerebros cuyas ideas son filtradas, troqueladas y horneadas por el ingente aparato mediático que en simbiosis monstruosa sostiene y es sostenido por el Gobierno.

    Recuerdo las limitaciones que la Ley de Prensa, en los inicios de nuestra democracia, ponía a la propiedad de los medios para evitar la posible, e impensable entonces, concentración de la opinión pública en unas pocas manos que ha sido allanada una y otra vez con laxas interpretaciones y fraudes de ley que ningún gobierno se atrevió a combatir para evitar la temida y segura reacción mediática.

    Naturalmente, a la vez que la prensa modela una opinión partidista y servil, provoca una reacción contraria en los cerebros con capacidad crítica, no suficientemente macerados, que son acusados gratuitamente de pertenecer al extremo opuesto (extrema derecha o fascismo en éste caso).
    Véase “1984”, “Farenheit 451” o “Visiones peligrosas”

  3. No solamente a la acción del Gobierno, don Griyo, sino también a la publicidad de todo tipo que el Sistema impone. Ahí tiene a las anoréxicas demostradamente inducicas por las imágenes publicitarias. ahí tiene a esos niños gordos que no resisten ni a los bollicaos ni a las “marcas”, ni a los videojuegos que ven en la tele. A m´çi me ha parecido –aparte de, como tantas veces, un ejemplo de celeridad crítica– una estupenda columna.

  4. ¡Ya ni doña Epidivertida nos asiste sino que deserta! Pena grande, porque hay que reconocerle a gm su capacidad (creo que ayer decía algo similar coña Marta Sicard) para coger al vuelo sus temas y su talento para criticarlos con tino y cultura. ¿Será que nos aplasta ya le depre otoñal?

  5. A mí también me espantó la imagen del brazo mecánico, cuando lo vi en la tele. Qué horror, Dios mío. Cuando se vean las cosas con perspectivas la “marine” nos resultará tan escalofriante como el propio Frankestein (los dos, don josian, el DR. y el monstruo).

  6. Hágale caso al capellán del blog, don gm, y escriba sobre las nueva “crisis de civilizaciones”. Sin olvidar a esa monjita que mataron ayer a tiros los “pacíficos” islamistas. Aunque no sé, porque mira que si le cae una fatwa del imán más próximo! Esperamos sus comentarios.

  7. 20:16
    Vuelvo de unas vacaciones trashumantes por Galicia que mi portátil no ha podido resistir.
    A mi vuelta leo con interés las columnas y comentarios anteriores y, provocado por doña Anais y con la licencia de Vds., me atrevo a añadir uno sobre “El asno de Buridan”:

    El Sr. Tartarín da en el clavo afirmando que el burro no se morirá de hambre pero se le escapa que también es más listo que los agnósticos cuya duda los mantiene en la inopia religioso/intelectual durante toda su vida a menos que la razón o la crisis religiosa venga en su ayuda.
    +++++++++++++++++++++

    Nuestra doña Épi K no nos abandonará, D. Juas.

  8. Interesante, la antigua cuestión del robot, el recelo ante la artificialidad del órgano, recreudecido desde que, en efecto, María la Shelley (con la ayuda que sabemos) concibió a su monstruo. Un mal asunto porque hay que aceptar la limitaicón relativa de la técnica y valorar el avance que supone en lugar de reprocharle su fracaso relativo. Y también he sufrido viendo a esa mujer-marine en la cocina, pero parece que ella estaba bien contenta.

  9. El recelo ante el robot. Recuerden la fantasía de “2001” y el robot rebelde. Ya en Grecia hubo robot y por jagm sé que alguien le hizo una demostración a Carlos V, sin gran éxito supongo. Creo también que Luciano (otro autor dilecto de jagm) habla del tema. Ahí lo dejo.

  10. Sí que es cierto, y se trataba de la exhibición que hizo Juanelo Turriano en la catedralde Toledo ante el Emperador. Lo que jagm ha ocntado aquí (dos veces, al menos, que yo recuerde) es la historia del “Hombre de palo”, cuya memoria aún se conserva en el callejero de Toledo (la calle que va desde Zocodover a la Catedral, precisamente). Si no estpy en lo cierto que me corrija alguien, dado que el titular calla por sistema.

  11. Ya lo puede usted jurar mi don Elitróforo. Lo que pasa es que sale servidora a casi 400, ha leído bien 400, kms. diarios y llega una a las tantas a sitios con wifi o similar.

    El brazo me recordó de inmediato a mi segundo padre que vivió casi veinte años con un marcapasos. Hasta tres le enchufaron sucesivamente. El último era pequeñito, pequeñito. La marine es un poco conejillo y con el tiempo se simplificará el enredijo de cables, seguro. También cuando la chica se ponga manga menos exhibicionista no se verá la cosa.

    Por cierto, allá a finales del 91, frecuenté el Gómez Ulla y por los pasillos vi alguna vez a una chiquilla a la que los que marcan el ritmo en el proceso de paz -juas, juas- le dejaron dos cachos de pierna. Hoy quince años más tarde aún andan construyendole piezas para su mecano de andar. Y enganchada a la morfina. Cada vez que veo a alguna bestia parda pateando cristales en el juzgado recuerdo a Irene. Sus muertos.

  12. Me gusta el rigor de los arts. de jagm, a quien admiro por su ponderación´y su entereza en las tertulias, normalmente tan tópicas, pegadas al poder y superficiales. Escucharle citar a los viejos autores, incluidos losm clásicos, en programas como el de Carlos Herrera o antes en el de Olmo resulta reconfortanet para los humanistas de profesión, a los que ni que decir tiene que pertenece quien esto escribe.
    Muy bonito el tema y bien traídos los comentarios, pues son correctas las referencias de esos dos profesores. El brazo biónico era realmente aterrador; ya podía haberlo disimulado con su carcasita simulando la carne humana, como en las prótesis tradicionales.

  13. Un tema repetido en la pintura es el de Cosme y Damían “injertando” la pierna a un amputado. Se ve que el hombre entrevió siempre la posibilidad de “recuperar” el miembro perdido y, más tarde, la que encierra la noción de “prótesis”, de etimología elocuente. No estoy seguro pero es posible que también el anfitrión haya mencionado alguna vez el tema, dado que le tiran los temas religiosos, simbólicos, y que conoce bien la pintura, como sabemos.

  14. Pues yo preferiría ser manca a cargar con esa monstruosidad. ¿Han pesnado en que, aparte de la cocina, la mujer tiene otros ambientes? ¿Se imaginan a esa marine haciendo el amor con le bracete eléctrico en torno al cuello del amante? Ya digo, mejor manca.

  15. El progreso es lento doña Epi (en cuya letra me parece descubrir la caligrafía del médico), pero lo es inevitablemente. No se puede construir una pierna como lo hacían Cosme y Damián. El jefazo diría lo del mitos y logos. Pues eso mismo digo yo.

  16. Me uno al Capellán y a Marcopalo: cíganos qué opina sobre el desafío islámico. Vaya editorial el de su periódico, colega, por cierto. Parece que ya nos hubieran hanado la guerra, ¿verdad?, y que yo sepa aún quedan muchas batallas. Es más creo, que esa guerra habría que impedirla por todos los medios pensanod no sólo en el Occidente que acabaría ganándola, sino en el mundo fanático que no sabe dónde se está metiendo.
    En televisión he escuchado a un enérgumeno islamista decir que está escrito que el Islam acabará conquistando Roma. Para que luego se cabreen con el jefe por hablar de “bárbaros”.

  17. Las doce y pico de la noche

    Vaya, enhorabuena: hoy han vuelto los blogueros a manifestarse y Don Griyo entre el personal. Me alegro.
    La columna de hoy me inspira mucho menos que la de ayer. La de hoy, con el brazo biónico me ha recordado un cuento de Cortazar en donde una mano actua por su cuenta, sin atender a lo que le ordena su “posesor”
    Creo recordar que a un hombre a quien le habían injertado una mano (?) tuvieron que “desinjertársela” porque no la soportaba mentalmente.
    No estoy muy segura pero tengo la impresión que tener una mano futurista me afectaría menos que , por ejemplo, cambiar de sexo, y hay voluntarios para hacerlo.
    Vaya desliz el de JUas JUas con la” coña Marta Sicard”, que tampoco es pa’tanto!!
    Doña Epi d’Oro hoy , con las prisas, estuvo menos inspirada, y yo , como muchos,espero con impaciencia algún comentario sobre “el asunto” Benito versus Islamistas.

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