Un alto ejecutivo de la empresa automovilística se queja a Carlos Herrera de lo mal que va el negocio del coche a pesar de las, según él, fantástica rebajas que han hecho de este brumoso momento el ideal para renovar la flota. Se venden muchos menos de los que sería de desear –ese sector es, hoy por hoy, en España, el segundo en contribuir al formación de la renta nacional—a pesar de que ese negocio podría contribuir muy mucho a la recuperación laboral y económica del país. Mario Armero, que ésa es su gracia, nos informa de que en la actualidad ruedan por el planeta 800 millones de coches y augura que para 2025, año en que la población alcanzará ya, como mínimo, los 8.000 millones de terrícolas, rodarán por nuestras calles y carreteras nada menos que 2.000 millones. Y ustedes que lo vean, por supuesto, pero habrá que tentarse la ropa ante esta mecanización del movimiento en una Humanidad dos tercios de la cual vivirá, para entonces, en entornos urbanos y en la que uno de cada seis criaturas carecerá de agua potable. El animal humano  se está transformando en un ser multiprotésico que se desplaza cada vez a mayor velocidad y permanece en contacto permanente con un entorno cada día más vasto de contertulios (en España hay en este momento más teléfonos móviles que habitantes), al parecer decidido a instalarse masivamente en el segmento costero de los continentes hasta convertirlos en una inmensa residencia dado que la mitad de sus pobladores tendrá para aquella fecha más de 60 años. Una sociedad de viejos acomodados y jóvenes con pocas perspectivas, según las proyecciones más pesimistas, que se supone que dispondrá de casi dos vehículos por unidad familiar aunque no seamos capaces de predecir de dónde saldrá el combustible preciso para ello o si, acaso, para entonces estaremos ya hablando de otras fuentes de energía.

Se acabó el peatón que salió de la selva a la sabana, el viejo correcaminos que ha construido esta Historia tan fantástica como temible, la imagen romántica o higienista del paseo conciliador con la Madre Naturaleza que fortalece el músculo y tonifica el espíritu. Todos irán tal vez en coche, para entonces, puesto que en dos mil millones de autos caben holgadamente ocho mil millones de personas, aunque algunas de ellas hayan de viajar en el trasportín, y siempre en el supuesto de que la medicina preventiva disponga ya de antídotos eficaces contra el sedentarismo. Me dice un amigo físico que si esa flota circulara al unísono en sentido contrario al de la rotación de la Tierra podría parar el Sol como hiciera en su día Josué, sólo Dios sabe con qué consecuencias. El hombre nació al ponerse de pie. Puede que se extinga sentado cómodamente.

4 Comentarios

  1. Puews lo que nos faltaba… Yo espero qaue el progreso sustituya pronto a ese medio de transporte que, junto a susgrandes beneficios, tiene tanta culpa en la destrucción del medio.

  2. Los coches son la marca de la nueva era, como lo son los aviones. El mundo no despega hasta que el hombre no consigue desplazarse rápidamente. Con la actual comunicación instantánea, para qué hablar. Es posible que estemos añorando ya o añoremos en breve a la vieja Humanidad.

  3. Para ese año de que habla, sabe Dios de que vehículos dispondrá el hombre. La cuestion del combustible eta ahí, bien inquietante. Lo lógico es que se encuentren soluciones menos agresivas, más baratas. Un mundo con ese número de coches, por mucho que evolucionen las ciudades, sería como para echarse a temblar.

  4. ¡Y yo que temía la vuelta el sábado próximo! No nos da usted más que disgustos, don ja, con estas informaciones.

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