Cuesta dar crédito a la noticia de que la Comisión Europea, a instancias de los ecologistas, acabe de reconocer que la restauración medioambiental de la zona de Palomares afectada por las bombas nucleares ¡de 1966! ande aún trajinando en el papeleo de los burócratas. Más de medio siglo después comprobamos lo poco fidedigna que era la foto de Fraga tratando de disuadirnos, con su bañador pleistocénico, del grave peligro que hoy sigue sin resolver, en gran medida por la falta de colaboración de los EEUU, causantes del discutido siniestro. Ni la Dictadura ni la Democracia han logrado que el Imperio pague los platos rotos, cuyo valor, para más inri, siempre estuvo por determinar. Una vez más Mr. Marshall pasa de largo por nuestra calle mayor.

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