El triunfo de Italia en el Mundial de fútbol ha servido de excusa, incluso antes de producirse, a la corriente de tolerancia que recorre el país solicitando una amnistía para los equipos galácticos sorprendidos ‘in fraganti’ conchabando partidos a cambio de dinero. La petición fiscal de que la histórica ‘Juventus’ descienda a “segunda B”, esto es a tercera división y sea penalizada con la pérdida de un par de “escudettos” ya ganados, así como las sanciones propuestas para los grandes club milaneses, han disparado todas las alarmas sobre todo por el hecho de que los astros del balompié ligados a esos clubs podrían emigrar por la vía rápida a otros países acogidos a cierta cláusula de sus contratos que prevé esa posibilidad. De ahí que la conquista de la Copa haya sido aprovechada por los sectores posibilistas para improvisar un indecente proyecto de amnistía en virtud del cual el máximo galardón deportivo de la especialidad pasaría a ser mera coartada de los golfos conchabados, lo que vendría a dar la razón a la amarga queja escuchada estos días en Francia y Alemania de que no resultaría precisamente moralizador que ese ansiado grial acabara en manos manchadas de esa manera por la corrupción. En España se acecha con expectación el desenlace del pleito pues de su providencia depende que nuestros equipos se refuercen con los servicios de los grandes mundialistas, sin reparar, por supuesto, ni siquiera en que algunos de ellos hubieron de pasar por comisaría y por el juzgado antes de tomar el avión hacia la victoria. El mundo del fútbol está dando una soberana lección de impudicia de la que, probablemente, le va a costar Dios y ayuda recuperarse en los próximos tiempos.

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No hay rastro de trucos antideportivos en el olimpismo clásico, en el que el uso de ungüentos y brebajes estimulantes por parte de los atléticos efebos –suficientemente probado, como se sabe– se consideraba ingenuamente como algo ‘natural’ y ajeno a la malicia. Pero el deporte entendido como noble ejercicio de superación fue cediendo paulatinamente a las exigencias de la competición –como de modo sugestivo sugirieron, a propósito de los propios torneos caballerescos, algunos historiadores de las mentalidades en términos que hubieran sublevado a Amadís, don Quijote o al muy real don Suero de Quiñones– hasta ceder sin remedio bajo el peso de la industria deportiva. El “tongo” era ya una institución del ‘box’ americano, un secreto a voces en el ‘cacht’, un sutil soplo en el ‘derby’, y algo habitual, en definitiva, en la inmensa mayoría de los deportes sobre cuyos resultados se crucen apuestas, antes de infiltrarse en el fútbol con la sugestión irresistible de sus maletines y sus ruidosos sobornos. Cuando nos hemos querido dar cuenta, los grandes equipos, sujetos a la lógica del capital, han caído en manos de financieros que, en no pocos casos (ahí está el reciente del Madrid), incluso dejan sus negocios principales para entregarse en cuerpo y alma a esta “romántica” aventura futbolera cuyo montante presupuestario no es ni mucho menos lo que fue en su día, y los conjuntos ciclistas, hasta antier por la mañana compuestos de asténicos ganapanes frenéticos perseguidores de su honra, se han convertido en mafias en las que el dopaje cuanta tanto o más que el entrenamiento. No es extraña esa solicitud de amnistía que se oye en Italia, un país en el que Berlusconi está harto de aprobar leyes para escurrir su propio bulto a la Justicia, pero sí que constituirá, de aprobarse, una decisión fatal y tal vez irrecuperable para la autoestima deportiva. Utilizar el Mundial como tapadera de la corrupción constituiría un gesto sin posible vuelta atrás que no debe consentir la autoridad supranacional de ese deporte. Ni siquiera en Italia, donde bien sabemos que, llegado el caso, la Justicia vale bien poco y que tres cosas son dos pares. Alguien se ha acordado en Francia de la ilusión de Drieu de que en el deporte el hombre recupera sus derechos. Drieu no pudo ver, el pobre, el cabezazo de Zidane.

7 Comentarios

  1. Servidora, que ha estado missing-a unos días haciendo de viajera romántica, escribió aquí un día que del fútbol, ese negocio tan sucio, no iba a escribir una línea.

    Fue durante el atosigamiento, el acoso, la náusea mundialista. Hoy el Anfitrión, sesudamente, nos pone frente al espejo corrompido de cómo anda la cosa, sobre todo en casa de los tres punteros europeos. De los albicelestes y los hipersexuales brasileiros o los indios ecuatorianos, no comment.

    Tanto la pérfida Albión como los hermanos de la Bota –recordemos a la cuasi miserable Nápoles gastándose en el Pibe lo que no se gastaba en sanidad, educación ni servicios sociales- nos ilustran en cómo mantener a cuerpo de rey a unos semidescerebrados que trabajan dos horas al día y luego reciben sauna, baño y masaje.

    ¿Lo del dopping? Por mí como si se meten dos supositorios de pasta de coca tres veces al día. Tal vez los periódicos serios -¿haylos?- en vez de dedicar doce páginas diarias al negociete, podrían hacer periodismo de investigación -¿les suena?- y levantar la punta de la manta forrada de €uro$ bajo la que se esconde la podre. Oigg, qué peste.

  2. Apunta y acierta el riro gm en el tema y el tratamiento. Una amnistía tras el Mundial sería una demostración de la inevitabilidad de las corrupciones. Pero ojo, porque grandes masas de ciudadanos –y no sólo en Italia– la apoyarían. En este caso, los Jueces están haciendo su trabajo. Será el Poder político el que se moje si quiere. Pero conste que el agio en el fútbol no es una cuestión menor como bien ha visto el anfitrión.

  3. 14:22
    Da gloria ver cómo sus señorías forman una piña en defensa del BIEN COMÚN.

    Lo leído más arriba me sugiere un acertijo. Lo propongo en forma de test:
    a) Tenemos los parlamentarios más caros del mundo.
    b) Tenemos los parlamentarios más caras del mundo.
    c) Son ciertas las dos premisas.
    d) Son falsas las dos premisas.

  4. Es demasiado fuerte: equipos de máximo nivel vendiéndose en competición, la Justicia proponiendo una amnistía con motivo del un triunfo deportivo. Un tema que sugiere una enmienda a la totalidad. Otro desafuero que se ve como nromal y hasta se aplaude. ¿Seremos nosotros –un puñado– la reserva de Occidente?

  5. Qué me dicen del escandalazo del “bueno de Manolo” y sus hermanitos, más su maltratada hijita? Vaya palo, compadres. Pero verán como ahora no hay Marcos Trebomios que salgan a la palestra para apretar tuercas. Al enemigo el palo, al amigo, el culo. Viva la ecuanimidad.

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