El rey de Marruecos ha enviado un avión para recoger los restos del desdichado Rayan, el bebé muerto por error en un hospital madrileño. No lo envió para recoger a la madre, hace bien poco, ni parece que le preocupen demasiado los ahogaditos de las pateras que su descuidada autoridad, contando con la vista gorda de la nuestra, permite salir cada día al mar en busca de la vida o de la muerte, pero le ha parecido oportuno montar el numerito ahora que la ocasión tiene sus vagas implicaciones políticas. El cadáver del pobre Rayan habrá volado sobre las aguas de ese Estrecho en las que muchos compatriotas suyos suelen ser pastos de los tiburones y de las gaviotas, sin que nadie en Marruecos parezca enterarse. La política tiene sus razones propias incluso cuando se disfraza de caridad.

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