La Dama de Elche ha sido trasladada hace poco a su ciudad de origen, en medio de medidas espectaculares de seguridad y acompañada por la ministra del ramo en carne mortal. Las autoridades catalanas, por el contrario, han hecho oídos sordos a la reclamación del gobierno aragonés para que les sean restituidas las obras de arte sacro rapiñadas en circunstancias que mejor olvidar y desde entonces expuestas en el museo diocesano de Lérida, sin que las exhortaciones vaticanas hayan podido convencer al ordinario de este lugar frente a los pujos del titular de la diócesis de Barbastro. Tampoco le han hecho mucho caso a un párroco cordobés que tengo entendido que ha reclamado a no sé dónde una pila bautismal arrebatada en tiempos a su iglesia sin otro título que la fuerza. Está de moda la reclamación artística, no sólo en este país que va tan poco a los museos, sino un poco por todas partes, porque a la reivindicación tradicional y olvidada de los mármoles de Elgin –medio Partenón– reiterada tantas veces por Grecia al British Museum, se une ahora la petición de Egipto a Alemania de que le ceda, siquiera temporalmente, el inefable busto de Nefertiti que se exhibe en el Museo de Egipto berlinés como pieza maestra, protegida bajo cristales blindados y con celosos guardias de vista. Ha resultado enteramente al revés la predicción de Malraux sobre “El Museo imaginario”, es decir, aquella idea de que, en un futuro próximo, las técnicas de reproducción y demás permitirían disolver la idea monumental del museo ante la posibilidad de que cada devoto del arte poseyera en casa el suyo reproducido con fidelidad, y en su lugar parece que se afirma la secuela localista que reclama que la obra de arte reciba culto allí donde se fue hallada y no reunida en el santuario colectivo que es el museo tradicional. En el museo de El Cairo poseen su Nefertiti, es cierto, pero en un busto de cuarcita rosada incomparable al polícromo que fue capaz de enamorar en secreto a generaciones de europeos, incluyendo a Hitler y al padre Javierre quien, finalmente, acabaría traicionándola con Giulietta Masina. Pero no es lo mismo, entre otras cosas porque el aliciente esencial de todo museo es la atracción fetichista sin la cual la mitificación del arte sufriría un golpe fatal. Nunca se ha resuelto la cuestión del disfrute del arte que el museo reserva sin remedio a unos pocos mientras lo sustrae a otros, con independencia de que, sin museo, probablemente el arte habría desaparecido sin remedio. El ‘Guernica’ en Gernika sería un símbolo político. En Madrid es un “bien cultural”.

xxxxx

De seguir esto como va, hemos de ver a Turquía o a Creta reclamar las joyas halladas por Schliemann, al alcalde de Huelva pedir al Arqueológico Nacional que le devuelva los tesoros procedentes del pecio saqueado en su ría, a algún pueblo del Aljarafe sevillano reclamar a la capital los aderezos tartésicos de El Carambolo que encontrara don Juan de Mata Carriazo, a Sevilla reclamarle a El Prado Murillos y Zurbaranes o a Flandes, que hace siglos que no existe como tal, plantearle a España la devolución de sus tesoros flamencos. O bien pasará este sarampión lugareño y volveremos a la idea clásica del museo como la tierra de todos y de nadie en la que descabezan su sueño eterno, aguardando la visita de todos y de ninguno, los prodigios y maravillas salidos de la mano del genio. Ni siquiera se han percatado esos catetos de que Nefertiti es un invento europeo, un eslabón del imaginario occidental, infinitamente más que una reliquia faraónica, porque la obra de arte trasciende su origen agrandada en las ondas concéntricas que sólo el espacio abierto permite expandir. Mal destino, por lo general, el que aguarda al arte en su tierra, error mayúsculo el de ignorar su destino universal. El arte no tiene fronteras y menos aún aduanas. Nefertiti hace tiempo que sabe, ensimismada bajo el oro y el lapislázuli, que ella misma, esencia de Egipto, es, sin embargo, cultura occidental.

7 Comentarios

  1. Disculpen la osadía de entrar a un trapo que me desborda hasta el exceso. Pero con ese espíritu práctico que las mujeres dominamos permítanme les exponga un ejemplito. La Sixtina de Altamira se estaba degradando a chorros por el efecto simple de la respiración -y alguna flatulencia intestinal, supongo- de sus visitantes, disminuidos hasta el límite en sus últimos tiempo de apertura. Se gastó una milmillonada, y bien gastada proclamo, en adecuar la neocueva, en la que se reprodujo durante años, con la colaboración de altísimos expertos, cada textura, cada recoveco, cada matiz.

    Pasé varios veranos a escasos kilómetros del monumento y no me fue posible visitarlo pues aún no se había abierto la neo. Hoy sé que puedo visitar cada vez que me apetezca la reproducción exacta. Basta apuntarse en una lista de espera, ¿qué nos van a contar a los andaluces de listas de espera?, no muy larga. Pero evidentemente sabemos que falta lo que muy bien apunta el Jefe, “la atracción fetichista”. Me pregunto, ¿qué es preferible, la imposibilidad de visitar un monumento en peligro o recrearme en una reproducción, que sé exacta, científica, milimétrica del mismo? Servidora lo tiene claro.

    Si alguien no hubiera “saqueado” tantos tesoros mesopotámicos, ¿se podrían hoy admirar en museos en los que se gradúa la higrometría, la temperatura y hasta la capacidad de ventosear de los seguratas? Con la que está vayendo por allí, ni te cuento. ¿Sería un crimen que alguien hubiera calcado a tamaño natural, en resinas sutilmente moldeables, los famosos budas gigantes que hizo saltar la furia talibán? Coleó un tiempo la polémica sobre aquellas reproducciones del Giraldillo sevillano, que al parecer rasgaban el velo del misterio de aquella veleta prodigiosa. Pero mucha gente pudo admirar de cerca el arcano que estaba al alcance de muy pocos. Por cierto, mi don Anfi -o quien conozca el secreto- ¿cuál de los dos Javierres se prendó de la Giuletta de los Espíritus, el cura periodista o el lejano monseñor?

  2. ¡¡ Hombre… !! Entre la Dama de Elche, apócrifa por supuesto, y Nefertiti autenti, me quedo con Nefertiti, y por supuesto mejor con Giulietta Masina…

    Desde luego, me quedo con el museo.
    El museo es la tumba de mucho arte mediano, pero mucho Arte Universal se habría perdido sin la voracidad de cada uno de los museos que lo alberga.

    “El ‘Guernica’ en Gernika sería un símbolo político. En Madrid eun “bien cultural”.”
    El Guernica, para éste analfabeto cultural, tiene menos valor artístico que cualquiera de los chistes de la vieja Codorniz. Además tiene un propietario, que es el Estado Español, porque lo encargó y lo pagó, y ni siquiera el propio autor tenía nada que decir una vez que hubo cobrado en la moneda de curso del momento.
    En mi opinión, nada se habría perdido si no hubiera sido rescatado del moho y las ratas de aquel desván olvidado.

  3. Podía haberse ahorrado la pasada descalificación del Guernica, don Griyo, y hubiera quedamo en lo importante, que ya lo había dicho. GM lleva razón, una vez más, pero se ve que esta materia del arte interesa menos que otras. Paciencia, maestro, y siga su senda.

  4. La ciudad, silenciosa. El tráfico, dormido. Anclados los coches al asfalto. Once mercenarios de oro, que ni siquiera llegan a machos alfa, tan sólo maniquíes algo moñas, se juegan –dicen- el honor del país.

    Da gloria leer con las ventanas abiertas. Tengo que cerrar una por donde sube el aroma de la barbacoa pringosa del vecino que no concibe el espectáculo si no se atiborra de colesterol.

    Es probable que una señora divorciada y luego casada por la iglesia, con trazos de anorexia, esté levantando los bracillos enfundados en camiseta roja. Cuánta gente estuvo pendiente de su aparato reproductor. Luego compartirá una vasa de plástico de rubia cerveza con su pijo maromo. Se ganan un sueldazo con escaso laburo.

    Una hora más o menos y se rompe el hechizo. Salta el estruendo de gol, las bocinas de spray y hasta algún cohete. Luego, otro. Al final, caravana de coches sonando el cláxon. Somos los mejores. Ra, ra, ra. Millones y millones de, comen mierda y les gusta.

    (Envío: a mi don Charnego, tan gemelo en tantas cosas)

  5. ¿De quién es esta columna?…

    Es que a veces parece que Don J.A.G.M. no es el que escribe y nosotros opinamos y decimos algo al respecto, sino que los escritores e ilustrados somos nosotros y rellenamos y rellenamos y rellenamos…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.