Ya puede desgañitarse Julio Anguita, como hace la criatura, anunciando la buena nueva de un socialismo puesto al día y adaptado a las circunstancias, que quienes se ha repartido su túnica están más bien por el arcaísmo y el concepto rancio. No tiene más que escuchar a Valderas (dos veces perdedor ya como candidato y en el aire aún en esta ocasión) sacar a pasear el fantasma de la “reforma agraria” a la que el añade el adjetivo vagoroso y multiuso de “integral”, para endosarnos a renglón seguido el más clásico de los tópicos de nuestra política, a saber, el del latifundismo que, según su autorizada opinión, “no sólo se ha mantenido en estos treinta años de PSOE sino que ha crecido por los fondos europeos”. IU sobrevive por inercia, como fuerza residual, pero a la vista de estas exhibiciones de insolvencia política, lo raro es que no desaparezca del todo. 

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