Con tanto hablar del sesenta aniversario del bikini han pasado más bien desapercibido los aniversarios, ciertamente deplorables, de algunas de las grandes catástrofes que ha padecido esta forma de organización productiva que conocemos como sociedad industrial. Hace ahora, en efecto, treinta años que se produjo en la ciudad italiana de Seveso, uno de los mayores siniestros conocidos en la historia de la industria, un temible accidente que asoló varias poblaciones bajo la célebre nube tóxica que, desplazándose a 18 kilómetros por hora, acabó asolando un área que incluía, además del propio Seveso, las poblaciones de Meda, Cesano Maderno y Desio. También se cumplen ahora veinte años de la catástrofe de Chernóbil, la centra nuclear ucraniana, cuyas víctimas de segunda generación se debaten aún en condiciones extremas, y otros veinte de la menos publicitada ruina que supuso el incendio de la fábrica de Sandoz en la ciudad suiza de Bâle, un accidente que causó la más grave polución registrada jamás en el cauce del Rhin y que dio lugar a una dura “directiva” sobre identificación de riesgos industriales más o menos similar a la que en el año 82 respondió, preventiva aunque tardíamente, a lo ocurrido en Seveso. Mucho menos ha trascendido al gran público la tragedia rumana de Baia Mare que en el año 2000 contaminó el Danubio en términos que, al menos entonces, se estimaron irreversibles aunque, por fortuna, tan sombrío anuncio no se llegara a cumplirse. Ha habido otros muchos accidentes, en especial químicos, en el ámbito de la Unión Europea, a consecuencia de los cuales viene desarrollándose un enconado pulso entre la autoridad comunitaria y la gran industria que ve en las imprescindibles limitaciones y controles una intervención costosa y un gasto inasumible, en especial después de entrar en vigor la reglamentación que trata de controlar las sustancias químicas empleadas en los procesos industriales, una directiva conocida como “Reach” que ha aportado nuevas esperanzas a una sociedad que se siente más amenazada a medida que conoce mejor su situación real. Ni una palabra se ha dicho sobre aquel aniversario apocalíptico, insisto, a pesar de lo mucho que se viene escribiendo sobre el ingeniero Réard, el atolón de Bikini y la cruzada mágica que, iniciada por la Bardot a mediados de los 50, culminaron con éxito en la década siguiente cuerpos como Bo Derek o Rachel Welch.

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La pugna en torno a “Reach” alcanzó su cota máxima cuando se supo que no tenemos ni idea de los efectos que pueden estar produciendo sobre la salud y el medio ambiente la práctica totalidad de las 100.000 sustancias químicas que se mueven legalmente en el mercado, pero a las que no pocos investigadores endosan la responsabilidad en el aumento disparado de la estadística médica sobre el cáncer y la leucemia. Un elemental realismo ha hecho que esa autoridad limite su proyecto de control de manera que “Reach” habrá de limitarse –y sólo a partir del 2007—a registrar los datos referidos a unas 30.000 de esas sustancias sospechosas, siempre que sus niveles de producción o importación superen la tonelada anual. A cambio parece que se decide, al fin, dejar en manos de las empresas la carga de la prueba de la seguridad de sus productos en lugar de atribuir a la Administración la obligación de demostrar su nocividad. Hemos construido entre todos un paraíso, inimaginable hace sólo unos decenios, pero en el que bajo cada árbol del bien y del mal, en cada piedra preciosa, junto a cada idílico regajo, acecha dormida la sierpe de la amenaza. Es natural que nadie quiera recordar en él lo que ocurrió en Seveso hace treinta años o en Chernóbil hace veinte, cuando aún no sabíamos que una fábrica de perfumes podía ser un polvorín o que el bollicao del niño era un veneno lento. Dentro de otros veinte años, si nos afligen nuevas cuitas, siempre nos quedará refugiarnos en el aniversario del ‘top less’.

4 Comentarios

  1. Tengo el presentimiento de que dentro de veinte años nos va atraer bastante al fresco, a los dos, el aniversario del ‘top less’. Por lo demás, en la magnífica (para mí) linea de tus últimos artículos (especialmente) pienso que aunque el hombre haya querido situarse frente a la Naturaleza, sobre todo tras la Revolución Copèrnicana, a Ella le traemos bastante al fresco y se regulará sola. No podemos cargarnos el Planeta. ¡Que mas quisiéramos!.

  2. Huy, Maestro, hoy me da usía la tecla para ponerme sstupenda. Como muy bien le dice a usted don Chic –qué envidia de apellido- ignorándonos a los demás -igual le podía haber puesto un emilio- dentro de veinte años, en el vehículo que entonces se use para la comunicación –seguro que diremos aquello de “¿te acuerdas de cuando usábamos Internet?”- a las que tenemos una edad sólo nos quedará el intercambiarnos el último grito de la moda en dodotis y potitos biomaravillosos.

    Servidora juega con ventaja al no haberme reproducido. Como que me trae ampliamente al pairo el futuro a medio plazo del jodío planeta. Ahora bien “es muy triste de pedir, pero más triste es de robar”. A tantísimo bebé como anda naciendo, aunque tengan rasgos quechuas o bereberes, más nos valdría dejarle algo mejor que esta inmensa bola de mierda.

    ¿Se imaginan a los cervatillos ramoneando en el hueco de los ascensores comidos por la maleza, mismamente en el falo de Agbar o en un hotelazo de Kuala Lumpur?

  3. Los que no quedarán seguro es ningun palestino ni sus pocos amigos árabes. A esos no los tendrá que matar lentamente ninguna nube tóxica. Ya se están encargando de hacerlo rápido Israel y sus numerosos aliados poderosos al son que le toque nuestro gran amigo salvador, EE.UU., con el vergonzoso silencio de la comunidad internacional.

    Primero hay que ocuparse de las muertes rápidas, como en las epidemias, despues de las más lentas.

    ¡Que paradoja con el holocausto que sufrieron, que ahora lo esten haciendo ellos! ¿Y no me vengan con lo de Arafat terrorista o Jamás o la leche que mamó. Se estan defendiendo ante un terrorismo de estado,

    ¡Coño, ya está bien!

  4. Un terrorismo de Estado, cierto, pero también “defensivo”, que es lo endiabladamente paradójico y canalla. Ese conflicto –para los pocos espítitus equilibrados que quedan– es ya irreversiblemente dual: esta vez el arranque ha sido un secuestro como antes las intifadas. Ambos bandos se defienden y el que muchos de nosotros hemos appyado siempre desde la izquierda, el islámico para entendernos, cercena toda posibilidad de arreglo en cuanto la ve venir. Haga memoria y verá que esta vieja guerra no comienzo con Bush sino con Lawrencce de Arabia, de quien aquí se dijeron el otro día algunas verdades. ¿No sería mejor apoyar entre todos un proyecto de paz, el que sea, que seguir con la matraca de las culpas? Hace poco Hamas reconocía el Estado palestino. Y, ¿lo ve?, ahí está ya el secuestro del soldado. No disuclpo a los invasores del Líbano ni olvido a los de Savra y Chatila. ¿Vamos a procurar hacer todos lo mismo?

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