Miro la foto del callejón de La Merced en su primer festejo y hay un busto que sobresale glorioso por encima de todos los demás del coso: el de la candidata Parralo. A pesar de su discreta estatura no hay en todo el ruedo interior busto más elevado y gallardo ni mascarón más visible, sonrisa dentífrica incluida, como adelantándose a eventuales y futuros protagonismos. Eso explica las bromas que se oyeron sobre lo del gafe de la dama cuando, al producirse el apagón, miles de miradas escrutaban en la negrura en busca de su imagen. Tonterías, no hay que darle vueltas, eso del gafe es cosa lugareña y superstición de bobos, pero la gente bromeaba en la plaza, al amparo de la oscuridad, enumerando la crónica de malos pasos en que se ha ido viendo inmersa la sucesora de Pepe Juan. Tonterías, ya digo, aunque hay que decir que seguro que la mojarra no hubiera dado tanto juego si Parralo ni se sube al cajón detrás del burladero para asomar el busto y la melena. Son cosas que se aprenden. Aparte de que hay situaciones en que nada mejor que taparte tras un buen burladero. 

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