Hay que reconocerle al régimen iraní una estupenda capacidad de propaganda. Mi admirado Eugenio Trías, por ejemplo, ha defendido todos estos años atrás las bondades potenciales de una situación sociopolítica como la iraní, que convenía apoyar desde fuera, no sólo por confirmar su derecho a elegir el propio destino, sino porque, estratégicamente, a todos nos convenía que esa presunta evolución avanzara sin trabas. Mis reticencias a esa teoría, sin embargo, viene de lejos. No puedo olvidar la brutalidad de las imágenes inaugurales de un régimen que se estrenó televisando ejecuciones masivas, ni el hecho de que, desde un principio, las graves disidencia afloraron hasta el punto de obligar a tantos dirigentes a elegir el exilio huyendo de las purgas, comenzando por la rocambolesca fuga del que fuera primer presidente electo de la República Islámica, Abdulhassam Beni Sadr, que logró escapar por los pelos, disfrazado de mujer. En diciembre pasado, Irán ocupó durante unas semanas los pozos de petróleo irakíes de Al Fauqa, con la clara y vana intención de provocar una “agresión” occidental que hubiera permitido a los ayatollás distraer la atención del pueblo con el espantajo del peligro extranjero, una técnica que no es, en modo alguno, exclusiva de los países árabes pero que éstos manejan con maestría de toda la vida: eso fue lo que hizo a Saddam Husein al enfrentarse a Jomeini y eso es lo que ha hecho toda la vida Marruecos agitando el “peligro español” cada vez que dentro de casa la tensión subía más de lo tolerable. Ha sido un gran acierto no entrar al trapo, no sólo porque esa ocupación tenía los días contados, sino porque echarle un balón de oxígeno a ese peligroso régimen que se debate en una crisis interior sin precedentes hubiera resultado absurdo. Esta vez el “demonio americano” no ha picado el anzuelo.

 

Es peligroso que tanta gente haya asumido, a partir de la desafortunada ocurrencia de Bush sobre el “eje del mal”,  la posibilidad de que la amenaza cierta de un régimen en manos de un  ex-terrorista fanático, como Ahmadineyad, pueda provocar otra guerra en la región. Pero también lo es la ingenuidad con que se contempla desde Occidente un proceso de apertura que los hechos demuestran imposible en manos de quienes ven en su régimen el “escudo del Islam”. De haber reaccionado mal el mes pasado hoy habríamos sublimado esa amenaza sin beneficio para nadie. Desde que Trías insistía con vehemencia en aquella defensa ha pasado mucha agua bajo el puente y hasta ha corrido la sangre de los opositores en el país. Un “diálogo de civilizaciones” es hoy un trampantojo y, si me apuran, una forma de complicidad.

4 Comentarios

  1. Estoy completamente de acuerdo con la columna y muy extrañado de que la noticia de la ocupación de los pozos petrolíferos ni haya sido más comentada. En cuanto al fondo del problema, está claro que esos fundamentalistas, escudos del Islam o lo que quieran, constituyen un peligro mientras pretendan armarse con armas masivas tras haber expresado su objetivo de borrar a Israel del mapa.

  2. Un peligro, los nuevos persas, viejos enemigos de Grecia… Me ha extrañado la inteligencia que, por una vezm, han mostrado esos bárbaros del otro bando. Menos mal, porque el solo planteamienot de una contienda con los ayatollás es para echarse a temblar.

  3. Se me había pasado por alto este artículo y lo acabo de leer con dos días de retraso. Me parece bien reaccionar porque así se demuestra que lo que dice don Josean no son cosas de un día y que al siguiente ya no tienen vigencia.
    Interesantísimo artículo que me da un punto de vista nuevo.
    Los Iraníes actuales poco tienen que ver con los Persas, así como los Griegos con los Helenos que nos civilizaron. Sin embargo creo que Iran es un pais importante,(por su territorio ,+ de 3 veces Francia y su población + de 67 Millones), más complejo y mucho más civilizado de lo que parece. No se puede pactar con su gobierno, pero hay una inteligencia iraní que no se merece esto.
    Besos retrasados a todos.

  4. Interesante reflexión la del maestro Jose Antonio, hay que tener cuidadito y medir al adversario asícomo nuestros actos

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