Por mucho que desconfiemos de Al Gore y de los tremendistas va a haber que irse rindiendo a la tesis de ese cambio climático que parece ser que amenaza al planeta. Vemos en la tv derretirse los glaciares y abrirse en grietas la tierra labrantía, los sabios no se ponen de acuerdo pero se inquietan ante una meteorología atípica que sirve de caja de resonancia al lamento ecologista. Alguien recuerda, a propósito, la contribución de Sófocles al mito de la idoneidad animal del ser humano: “Muchas cosas asombrosas existen, y con todo, nada tan asombroso como el ser humano”. Ese ser humano que “se enseñó a sí mismo el lenguaje y el alado pensamiento”, el mismo –siempre según el coro—al que “nada de lo porvenir lo encuentra falto de recursos”. Ahí tienen ya el mito blindado ingenuamente, la idea de que el hombre, al margen de la muerte, puede cuanto se propone en su pulso constante con la Madre Naturaleza, ese animal casi divino que ha sabido penetrar la condición de las cosas hasta ponerlas a su servicio. Sólo él sabe contar por encima del nueve hasta el que alcanza el mono y del siete de que es capaz de dar cuenta el cuervo, pero parece que ahora se descubre que no era cierta su capacidad de adaptarse positivamente, como le exige le evolución, sino que hasta sería capaz de permitir el desastre anunciado por los apocalípticos. Es decir, algo impensable en cualquier otra especie, una negra prerrogativa reservada a su famosa monarquía sobre el reino de la vida. Puede que, en fin de cuentas, sea ese animal privilegiado con visos de demiurgo, el único capaz de autoinmolarse y, de paso, poner fin a toda existencia, salvo, según dicen, a la de las cucarachas sobre las que recaería la tarea neohistórica de reiniciar la aventura evolutiva.

Ningún animal es suicida, es incierta la leyenda del escorpión que se inmola si se ve en peligro clavándose su propio aguijón. El único animal que ha demostrado capacidad para retar al destino e incluirse a sí mismo en esa apuesta es ése que, no sé bien por qué, se llama a sí mismo “sapiens” mereciendo más bien el dictado de “demens”. Gran paradoja: sólo el “progreso” en su etapa vertiginosa habría sido capaz de acarrear el riesgo del exterminio, cuando la misma inteligencia que descifra la índole relativa de lo real produce provoca el riesgo cierto de su propia destrucción. Admirable contradicción entre la proeza humana y su locura sin límites, acaso resumida misteriosamente en el signo de Caín.

8 Comentarios

  1. Sí y no. Que estamos asistiendo a un cambio climático es algo a mi juicio irrefutable. Que está ocurriendo a una velocidad inusitada es posible que también. Lo que no tengo nada claro es que la mano del ‘sapiens’ sea la principal causa de la cosa. Los ‘heliólogos’ -desconozco si existe el palabro- tendrían mucho que decir acerca de los trastornos de nuestra estrella madre. Que las ventosidades de las vacas o de las centrales térmicas superen a los millones de toneladas que lanza a la atmósfera un volcán es algo que no veo claro.

    Y que los llamados ecologistas han hecho de sus prédicas un oficio rentable no me lo va a quitar nadie de la cabeza.

  2. Se comprende el escepticismo del anterior comentario, sin embargo parece obvio que la mano de “sapiens”, en efecto, tenga mucho que ver con el lío. Miren las fotos de nuestras grandes ciudades coronadas por la “boina negra”, consideren la agresión que supone la industria de ciertos países (China, Rusia…) y digan si esa mano tiene que ver o no. Lo del chollo ecologista es verdad a medias, pero es verdad. Conozco a más de un vividor de esa laya.

  3. Seremos la única especie capaz de destruirse a sí misma y a las demás. Salvo a las cucarachas, por supuesto…

  4. Estupenda columna en la que, una vez más, admiro la memoria culta del autor. Coincido con que el “mono loco” de que suele hablar don ja va descaminado si es que no anda perdido sin saber a qué atenerse. El peligro del cambio climático es una realidad reconocida por los congresos mundiales cuyas recomendaciones no se han cumplido nunca por imposición de poderosos como EEUU o China, aparte de que han dado lugar a un absurdo y bochornoso mercado del “cupo” de los países sin industria a los hiperindustrializados. Animal suicida es un buen título, aterrador, pero bueno.

  5. Efectivamente somos una especie suicida.

    Hace muchos años, muchos, leí un trabajo en el que se estudiaba el comportamiento de un grupo de escarabajos de la patata en un metro cuadrado de idem. El resultado fue que comieron y se reproduccieron hasta acabar con sus recursos y devorarse entre ellos. Nosotros nos estamos comportando como esos pobres escarabajos.

    Hace varios años saltó un escándalo porque alguien denunció que la Casa Blanca y las petrolíferas estaban sobornando a científicos y periodistas para negar y ridiculizar el cambio climático.

    Es cierto que la Tierra ha tenido temperaturas más altas que las actuales y niveles marítimos mucho más elevados que los actuales, pero los cambios se han producido en miles de años, no en décadas.

    Está claro que lo que ahora amenaza a nuestra especie se debe a la acción del hombre sobre la naturaleza.

    En resumen: No somos más inteligentes que los escarabajos de la patata.

  6. Es curioso cómo va evolucionando la opinión respecto al cambio climático, sin duda explotado por algunos (por Al Gore, en efecto) pero reconocido también en altas instancias mundiales. Cambiando a favor de la creencia, quiero decir, porque al principio la reacción contraria fue muy fuerte, no me digas que no, querido ja. Todo esto está relacionado con el mitologema de “los tiempos finales”, de los que sabe mucho nuestro Anfitrión, me consta, una obsesión humana que se remonta a los tiempos más lejanos. El Apocalipsis no inaugura una tradición sino que continúa una línea milenarista muy vieja en la historia de la Humanidad. Hoy no sé que estará ocurriendo, pero parece obvio que la intensidad de la industrialización amenaza el equilibrio natural de nuestro planeta. Tanto como que los ricos, los países ricos, no están dispuestos a ceder. Detrás de mí el diluvio, se piensa desde el yate…

  7. Da miedo plantear este tema pero parece que es cada día más necesario. El problema ahora será desmontar toda la ideología acumulada en contra de su reconocimiento, y por supuesto, lograr que los países poderosos cumplan sus compromisos ecológicos.

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