Converso con un amigo experto en cuestiones esotéricas y apasionado por cuanto se refiere a la masonería histórica y actual, cuya sólida formación en sociología de la religión le proporciona, por otra parte, una interesante perspectiva. ¿Cómo es posible –se pregunta y me pregunta—que las sociedades modernas se secularicen al mismo tiempo que experimentan tan curiosa nostalgia del misterio? No hay mayor dificultad en entender que el modelo social propicia la defección religiosa, pero ya se entiende peor que las iglesias se vacíen mientras se llenan las logias, un hecho social que no deja de constituir, en efecto, una paradoja notable, con independencia de las razones que puedan explicarla. En Europa la moda iniciática es una realidad palpable que el crecimiento de la masonería –multiplicada por cuatro en los últimos cuarenta años en alguno de esos países—pone de relieve sin margen para la duda, por no hablar de España, donde todavía antiguos prejuicios cuestionan las apreciaciones que vienen haciendo los expertos. Pero ¿por qué el individuo de una sociedad cada día más secularizada, por qué en un ambiente desacralizado, una organización semejante mantiene y aún incrementa su pulsión mistérica, tantas veces materializada en el recurso iniciático? Un alto responsable francés de la cosa –me ilustra mi amigo—define la masonería como una “religión de substitución”, un ámbito en el que almas desnortadas o sencillamente abrumadas por la vulgaridad, cuando no decepcionadas en sus propias obediencias, buscan remedio en la media luz sugerente de un misterio tanto más extravagante en la medida en que la masonería –y en este punto están de acuerdo casi todos sus estudiosos— hace mucho tiempo que ni siquiera es una sociedad secreta sino, todo lo más, una sociedad “al margen”. Se sabe, al parecer, que en este momento un notable número de postulantes a masón proceden del catolicismo y, en menor medida, de otras confesiones cristianas. Dan Brown tiene garantizado el éxito por una buena temporada.

 

¿Tan fuerte es la sugestión esotérica, tan atractivo ese teatro simbólico (con sus guantes y mandiles, con sus tahalíes y colgantes, sus ritos minuciosos y no poco infantiloides) bajo el que, ciertamente, la masonería hoy en boga se encuentra más cerca del diseño “ilustrado” que de la militancia “romántica”? Por lo visto en Francia diez postulantes llaman cada día a la puerta de la logia por más que quien bien conoce el tema caracteriza la masonería como un “escutismo filosófico para adultos” y mientras se vacían los templos de la vieja fe. Cassirer acertó de plano cuando afirmó que, por encima de cualquier otra cosa, el hombre es un animal simbólico.

2 Comentarios

  1. Noi me diga que ahora se interesa por los hermanos del mandilillo. Pues se va a encontrar con muchos de sus amigos de la izquierda desnortada, ya lo comprobará. Lea el libre de César Vidal si acaso. Sería una nuena introducción suponiendo que no lo haya leído ya, que sería raro.

  2. Me explico este éxito por dos o tres razones diferentes: los católicos somos vergonzantes.¿Quién se atreve hoy en día a clamar alto y fuerte que es católico? Nadie. Tampoco tenemos espíritu de casta y estamos muy dispuestos a ayudar al no católico. En cambio, los masones tienen como regla la ayuda mutua.Muy conveniente cuando no se sabe que son correligionarios… Y para terminar el hombre es un animal espiritual, o como dice aquí el maestro, un «animal simbólico»
    Besos a todos.

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