El hombre está cada día más solo en las sociedades contemporáneas. A pesar del bullicio, en medio de la muchedumbre, el individuo sobrelleva una existencia sentimental precaria en la que, con frecuencia elocuente, estalla la nostalgia como una luminaria artificial. Ya me dirán si no qué significan –para el psicólogo, para el psiquiatra, para el sociólogo, para el sentido común— esos millones de personas (más de quince millones sólo en algún país europeo) que se echan cada día a Internet en busca de las improbables huellas de los viejos amigos de la infancia, de aquella ‘basca’ que, según los teóricos del “grupo pequeño”, puso los cimiento básicos de nuestra personalidad en medida tal vez mayor que la propia familia. ¿Qué busca el hombre postmoderno en esas amistades extraviadas por la vida si no es el fantasma imaginario de la amistad perfecta, el compañerismo forjado en la convivencia augural a fuerza de secretos y deseos compartidos? Me entero de que para la psicología en general, este fenómeno parece sugerir un movimiento anímico de ‘regresión’, de eso que la psiquiatría ha llamado muchas veces “jeunisme” (infantilismo sería otra cosa, desde luego), o bien algo así como la ilusión de un balneario psíquico (un “thalasso mentale”, según la expresión del psicoanalista Michael Stora) capaz de insuflar energía a nuestra imaginación claudicante. Dicen otros que el amigo perdido es, a pesar de lo que solemos creer, un espejo permanente ante el que hacer balance de nuestras vidas respectivas, un espejo que siempre ha estado ahí sin hacerse notar, como sepultado por la tiranía del presente continuo y, en cierto modo, también un “alter ego” del que el tiempo ha logrado alejarnos pero sin conseguir suprimirlo. Un animal nostálgico, eso es lo que somos. Tantos millones de internautas nos lo confirman a diario.

Al ingenio popular de Courteline le leí alguna vez (cito de memoria) que las viejas amistades se improvisan. Ahí lo dejo para uso de freudianos y conductistas pero, sobre todo, para aquellos que tengan algún interés en entender por qué millones de congéneres teclean diariamente en el ordenador en busca de la infancia perdida o, como diría Fernando Savater, de la “infancia recuperada”, ese divino espejo bruñido e íntimo en el que nuestra imagen más auténtica se reencuentra como un fantasma. ¿Por qué querrá tanta gente reencontrar el pasado, recuperar el paisaje perdido, ponerle nuevamente cara a la convivencia que nos hizo humanos mientras jugábamos ingenuos a ser adultos imposibles? Es bueno eso de que las amistades viejas se improvisan aunque nada ni nadie nos garantice el éxito de ese “revival”. El hombre vuelve siempre la cara atrás. Sin olvidar el lado útil que entrevió Epicuro cuando respondió a la pregunta que hoy planteamos considerando que toda amistad deber ser rebuscada por sí misma aunque, en el fondo, su origen esté en la utilidad. Bentham no lo habría formulado mejor y nosotros no vamos a intentarlo siquiera.

17 Comentarios

  1. ¿Otro efecto de la soledad del hombre contemporáneo, ese anacoreta en el bullicio? Posiblemente. Los viejos amigos siempre se idealizan y la maduración consiste en irse alejando de ese paraíso perdido y sus habitantes. Aparte de que esa soledad quizá sea mayor en un mundo desacralizado, en el desierto de la secularización. No hago más que sugerirlo y ruego porque no sea así.

  2. curiosa reflexión y bonito tema. Condieso que he buscado amigos viejos en varias ocasiones y que con frecuencia resulta que si los encuentras… ya no son los mismos. ¡¡Ni tú tampoco!! Lo interesante es la sugerencia sobre el motivo de este fenómeno. ¿Por qué gente que vive aislada en un mundo incomunicado en medio del ruido, busca sus viejas raíces? Buena elección de tema, y espero que los comentarios habituales lo hagan aún más interesante.

  3. ¡Ay esos salmones nadando río arriba! ¡Qué emoción volver la vista atrás y comprobar lo que hemos recorrido!
    ¿Serán ésas las famosas estelas en la mar?

  4. La infancia es la patria además del paraíso, ¿no se ha dicho algo así? Volvemos la vista atrás buscándonos a nosotros mismos en el cuadro del grupo que nos conformó. Esa vuelta atrás es, en realidad, un ejercicio de introspección avanzada, un intento desesperado de recuperar nuestra imagen original, que creemos incoscientemente pura, genuina. ¿Qué otra cosa puede decrise de la propia Biografía como género? No se escapa ni San Agustín, maestro de maestros del género, de esa sugestiva atracción. ja me ha hehco recordra hoy muchas cosas, Y comprender que uno tampoco es ajeno a esa tentación proustiana de la “busca del tiempo perdido”.

  5. ¡Los viejos amigos del alma! ¡Compañeros de mi vida…, como dice el tango! Un tema curioso y emocionante en cierto sentido: la gente buscando el pasado, las caras perdidas, el paisaje de la primavera de la vida! Es interesante buscarle las raíces a este fenómeno que, como dice, jagm, tiene raíces profundas. Y la cita de Courteline (no tengo el gusto, por cierto) preciosa.

  6. Recuerdos, vivencias pasadas, amigos perdidos… ¡qué de nostalgias!
    Sí, estamos siempre igual de solos, lo que pasa es que afuera, el bullicio es mayor…
    Besos a todos.

  7. Es difícil recobrar al amigo perdido. Yo mismo me he llevado más de un chasco intentándolo: “nosotros, los de entonces,/ ya no somos los mismos”, decía Neruda, y llevaba toda la razón. Pero el Cura del casino ha dado en la tecla: se buscan los orígenes, las caras perdidas y no olvidadas, porqyue la soledad ahoga a los peatones del mundo desacralizado. Me gusta el tema, como me gustaría que fuera posible esa recuperación nostálgica.

  8. Tuve por siempre que la famosa frase que nos trae mi don Pangly era de don Rainer Maria. Con esto de tener esta inagotable puerta abierta de internet, busco la fuente para confirmarla y así es: Está contenida en Los cuadernos de Malte Laurids Brigge. Curiosamente delante de ella hay otra cita que parece formar como una aliteración con la anterior, pero que también tiene su almendra para dar que pensar: “La única patria feliz, sin territorio, es la conformada por los niños”, para llegar a “La verdadera patria del hombre es la infancia.”

    En la primera se contraponen los térmimos feliz y sin territorio a la verdadera de la segunda. Ahí es nada. Un servidor se ha llevado un rato dándole vueltas. ¿No será que para alcanzar esa felicidad, tan utópica, hay que sentirse sin territorio y en busca, por lo menos, de la verdad?

    No me resisto a transcribir una otra frase que tiene su buena miga y de la que no me atrevo a dejar el nombre del autor, del que no estoy nada seguro: “No se es de donde se nace, sino de donde se aprueba la Reválida”. Es posible que los más jóvenes del casino, ¿haylos?, no alcancen del todo qué sea eso de la reválida, pero sí sabemos la mayoría cuáles eran esos años en que despunta la juventud, se abandonan miedos y complejos adolescentes y se vive y se bebe y se corona uno de rosas, sin pensar en lo que haya de venir. Época por cierto que es la que buscan muchos, creo, de esos internautas del facebook y similares.

  9. Estupendo reencontrarse con los amigos del Casino, ¿cómo no habría de serlo recuperar a los que “se hicieron” con nosotros? La amistad es, creo yo, en no escasa medida, un espejismo, que de vez en cuando resulta ser un oasis. Nada he hallado en mi ya larga vida tan decisivo para mí como la amistad. Y ñla columna me ha hecho recordar que aunque la mayoría de mis amigos son amigos de mi edad adulta, uno sigue considerando ocmo los más entrañables a aquellos perdidos de los que apenas nos queda ya en la cabeza un escorzo. Entiendo que la posibilidad que brinda Internet haya sido aprovechada por los nostálgicos. Yo mismo no descarto utilizarla alguna vez.

  10. Entrañable tema, sin duda. Todos hemos perdido aquella patria feliz, unos más que otros, pero todos en definitiva. Y muchas veces miramos atrás con nostalgia aunque sea a sabiendas de que, como se ha señalado antes, la realidad diste mucho del deseo y lo probable es que los amigos que pudiéramos encontrar hoy no sean ya los de ayer. La nostalgia me ha llevado a cierta tristeza. Lo siento.

  11. Algo hay en el caso de vuelta als eno materno, de “regresión”, en efecto, de huida hacia atrás, es decir, hacia la mañana clara y fresca de la irresponsabilidad, de la alegría del mundo recién descubierto, de la calidez de la confidencia, del hallzago de la intimidad amistosa, esa forma suprema de la confianza. Me ha hecho pesnar la cosa, con nostalgia, por supuesto. Supongo que hoy estamos caso todos en el mismo caso.

  12. El hombre es un animal histórico, creo que no hacen falta más pruebas. Se busca buscando, persigue su sombra como el perro que persigue en círculo su propia cola. Hay especies felices en las que los amigos de la infancia lo son para toda la vida. Lástima que la más dotada carezca de esa posibiloidad casi por completo.

  13. Me habeis emocionao, jodíos, entre unos y otros. Os lo agradezco, porque veo en vuestros comentarios la madera buena de que está hecho este rincón apacible y culto.

  14. La mistad lejana no es recuperable. Lo he comprobado muchas ocasiones pero la columna de hoy (ayer) busca entender ese impulso de los buscadores y en eso me ha interesado mucho. Lo he sentido personalmente aunque nunca lo he puesto en práctica por la razón dicha al principio. Muy bonito el asunto que trata.

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