Un médico trevisano aficionado a los enigmas y, seguramente, deslumbrado por el éxito de Dan Brown, publica en la prensa regional bajo el pseudónimo de Marcuzio Isauro, una atrevida hipótesis sobre “La Tempestad” de Giorgone, esa joya de la Academia veneciana que, ciertamente, no necesita cábalas para fascinarnos ni cuentos para justificar su inmensa valía. No me sé con detalles la teoría del galeno, pero en resumidas cuentas viene a proponernos –ya ven que en línea directa con el falsario del “Código Da Vinci”—que la famosa escena de la gitana que amamanta al niño, el soldado o pastor que la mira paciente y el rayo espectacular que desgarra sin contemplaciones la arcádica escena no es lo que se ve (como hace mucho propuso con fina ironía un especialista) sino toda una alegoría de la traída y llevada paternidad de Cristo y su coyunda con Magdalena, que sería la gitana dados su breve indumentaria, el colorido de su pelo y cierta torre que a su espalda aparece. ¿No ven que la mujer representada por Giorgone se toca la rodilla derecha con la mano del brazo que sostiene al niño? Pues a ver que puede significar ese gesto sino una enigmática alusión a la “dextrum genu” y de ahí, sin anestesia ni solución de continuidad, a la mismísima “giusta nobile stirpe” que esta tropa anda empeñada en endosarle al Cristo histórico. El resto pueden imaginarlo. ¿No será que Leonardo en persona (¡Gran Maestre del apócrifo Priorato de Sión, nada menos!) inició al pobre Giorgone –un chavalillo para entonces—en su sospechosa (¿) visita a Venecia? ¿No hay que estar ciego para no percatarse de que la camisa y las calzas de esa figura masculina llevan los colores templarios como queriendo proclamar y esconder a un tiempo el gran negocio simbólico? De ahí al cura de Rennes le Chateau, el famoso abate Saunière, no hay más que un paso ciego y, naturalmente, nuestro mago lo da sin pensárselo con sólo recordar que el diablo que este pájaro hizo esculpir en su iglesia también se toca la rodilla en cuestión, aunque sea con la mano izquierda, vaya por Dios. ¡Éxito a la vista, posiblemente! No es cosa de perder ocasión de enloquecer aún más a este mundo majareta y menos si puede uno sacarle al cuento una pasta gansa.

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Lo malo, lo desesperante de estas falacias son justamente su insustancialidad, porque es difícil refutar lo vano. Este doctor Isaura, mismamente, es probable que no haya leído hace muchos años al maestro André Chastel asegurar que no hay año sin una nueva propuesta de interpretación de la famosa obra, y al basar su alegato en la localización en Treviso del lugar pintado parece que ignora que antes que él otros más sabios, sin duda, dieron sus buenas razones postulando que el paisaje elegido por Giorgone lo mismo pudo ser Bérgamo que Verona, Brescia que Vicenza sin descartar a la propia Padua. Hace muchos años que se viene trajinando con esta tela sublime en la que los rayos infrarrojos, las radiografías simples o los barridos de la reflectología han logrado descubrir imágenes ocultas bajo la escena definitiva, lo que probaría que el pintor, lejos de tener una composición temática en la cabeza, fue barajando como mejor supo –¡y cómo supo!—hasta plasmar la maravilla que no es menester que ningún logrero venda a revendernos con el estraperlo del esoterismo. Estamos haciendo un mundo extraño en el que se elimina la religión para hacer sitio al fanatismo o en el que se cierra el libro de la historia justo para dar carta blanca a unos fabuleros y cantamañanas que se ponen las botas en este mercado bobo. Me he dado otra vuelta por el museo para contemplar una vez más la mirada aplaciente de la gitana y el misterio del rayo que no cesa entre el azul alto de ese cielo por localizar, y me ha parecido ver en esos ojos una ironía nueva y algo melancólica, como si la dueña de esos ojos se hubiera enterado de las audacias del ‘dottore’ y previera ya la riada de iluminados mentecatos escudriñando afanosamente su figura.

87 Comentarios

  1. Muy bonito artículo, si señor. Un placer leerle y ver como del detalle más nimeo, de la actualidad menos candente, va hilvanando hechos y haciendo observaciones, para finalmente hacernos reflexionar y aleccionarnos.
    «Se elimina la religion para hacer sitio al fanatismo, …y se cierra el libro de la historia para dar carta blanca a unos fabuleros y cantamañanas….» Cierto, absolutamente y absurdamente cierto¿Y no será, por más que le pese a doña Epi, que el hombre es un ser irracional y precisa de saber que existe algo que lo supera? Ver también la multiplicación de las sectas.Defecar sobre el nombre de Dios, de alguna manera es rendirle tributo(!).Lo malo es cuando no queda ni eso,algo o alguien a quien culpar, odiar, suplicar. La súplica supone que todavía hay esperanza. Lo peor , es tomar conciencia de su propia mediocridad, de sus lacras, de sus fracasos, y verse solo y rodeado por mediocres como tú pero mejor armados.Francia, el pais de la razón es tambien donde se consumen más tranquilizantes por habitantes.
    Bueno, ya sé que nadie en este blog estará de acuerdo con esto, !pero no importa! Y todo sin ánimo de ofender, naturalmente.

  2. 01:01
    “Lo malo es cuando no queda ni eso,algo o alguien a quien culpar, odiar, suplicar.”
    Si, Madame, ha retratado Vd. en cierto modo, a éste ateo convencido pero no es tan triste como puede Vd. pensar.

  3. ¿Algo que lo supera?: TODO. Todo nos supera. Pero, ¿y qué, es que nosotros no somos nada?, el hombre en sí mismo es nuestra religión, la de los que no creemos en algo superior.

    LA PERSONA NO MUERE, QUEDA SIEMPRE EN LA GENTE QUE LA QUIERE. Mientras más queramos a nuestra familia y a nuestros amigos más nos quedaremos aquí. Por eso creo que el cielo está en la tierra. Siempre seremos el producto de todos los que nos precedieron, polvo inteligente y sensible de todo lo que nos dieron aquellos que nos quisieron o que se tropezaron de alguna manera con nosotros y nos dejaron su impronta.

    El cielo está también en ese impulso de José Antonio al ir de nuevo a contemplar “esa mirada aplaciente de la gitana…y me ha parecido ver en esos ojos una ironía nueva…” Esta “inquietud por saber, contemplar y manifestarnos sus conjeturas traslada a los que lo leemos una impaciencia para reflexionar. Eso es experiencia que se instala en nosotros.

    Es cierto que sería mucho más cómodo y más placentero creer en algo superior que nos resolviera todo aquello que nos supera, pero, ¿cómo engañarnos a nosotros mismos?, ¿qué tontería, no? Precisamente por eso somos racionales.

    Pero, vamos, que por mí, me pondría a creer en un Dios ahora mismo y en un cielo que nos espere en el otro lado.

  4. (viernes 18, 8:32 a.m. Una vez más, sorry, excussez-moi, disculpas por acudir a la cita a deshoras. A veces una agenda innecesaria pero implacable nos avasalla, aún en vacances).

    Me parece que nadie resalta el aspecto monetario del asunto. ¡La economía, capullo, la economía!, creo que le dijeron al semitodopoderoso mandamás. ¿Se nos escapa que detrás de todos esos Dan Brown, las Matildes Asensi, más la saga ya incontable de listillos que con un esquema simple -ahí tenemos al Javier Sierra, el de la cena, desvelándonos cada mañana un arcano, que sólo él y su profunda capacidad de investigación y análisis, juas, juas, han alcanzado a descubrir- pregunto si detrás de todas esas bambalinas de cartón piedra no hay más que un filón de parné, que los que saben lavar la arena del río, van a seguir cerniendo hasta que no quede ni una sola pepita?

    Hace no tanto la editorial en que usted y yo estamos pensando exprimió la teta bíblica colocando en muchísimos hogares el tocho con encuadernación más falsa que los euros de palo y con mayúsculas naifs, y luego nadie pasó del segundo o tercer capítulo del Génesis, eso suponiendo que hubiera alguien que la abriera con animus legendi.

    Con un simple esquema, tome un cuadro cualquiera, buenecito y famosito se entiende, tenga al lado otro esquema con los cuatro palos básicos del esoterismo rampante. Escudriñe cualquier detallito que se preste a interpretaciones pseudohistóricas, maneje un libro esponjadito en la cábala u otro cualquier arcano de moda, ya sean los templarios o la Obra, y luego aliñe el conjunto con las obseervaciones hechas en algún viajito, bien por tierras bíblicas, o incluso por el mismísimo camino de Santiago, caminos, tan trillados.

    Remuévase con cuchara y tenedor tras oscurecer el conjunto un poquito, digamos que con vinagre balsámico, -de palo, eso sí- y procúrese los contactos precisos con editoriales o representantes avispados.

    Evidentemente la fórmula parece algo compleja. También lo parece a primera vista la del gazpacho andaluz, sobre todo si se añaden detalles nimios de una exquisita elaboración casera. Pero es posible que obtenga un tochito que, con un poquito de suerte y cuarto y mitad de marketing bien dosificado, ¡usted puede ser best-sellers para mentes debidamente aleccionadas por series de señores de los anillos o magos tontorrones con gafitas!. Bon profit.

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