De nuevo el tema y problema de la ‘felicidad’, el debate sobre la posibilidad de la dicha, la discusión sobre sus causas e impedimentos. Un sabio de la universidad de Leicester, el psicólogo social Adrian White, ha osado dibujar nada menos que un “mapa de la felicidad”, un plano de su distribución en el planeta azul en el que países o naciones aparecen ordenados en un dudoso cortejo encabezado por Suiza y Dinamarca y en cuya cola aparecen Burundi y Zinbawe. White calcula la felicidad en función de tres variables –el nivel sanitario, la cota de bienestar y el listón educativo–, definitivamente lejos, en consecuencia, de la vieja noción abstracta de la dicha que va desde el fatalismo primordial a la tragedia griega, y más cercano de la idea ‘ilustrada’ de la “felicidad popular”. Grave tema, pocas cuestiones tan debatidas como ésa que lo mismo ha ocupado a los razonantes que ha entretenido la discusión en el casino, y sobre la que cada libro que aparece –en los últimos tiempos ha habido dos muy apreciables, debido uno a Darrin M. Mc Mahon y compuesto el otro por opiniones cruzadas en el entorno del Jean Delumeau—contribuye con su grano de arena a ampliar eso que Schopenhauer llamó alguna vez con guasa el “saber inútil”. España, para que se hagan ustedes una idea, figura en ese mapa mundial en el lugar 46, muy por detrás de Costa Rica, Noruega o Malasia y a una distancia inconmensurable de ‘paraísos’ como Austria, Islandia, Suecia, Finlandia o las Bahamas, un dato, como comprenderán que habla por sí solo sobre la impropiedad del método empleado. Siempre recuerdo la sabia broma de Bernard Grasset –el olvidado editor que descubrió a Proust– en su libro sobre el tema, cuando decía que el hecho de que le felicidad no dependa tanto de la posesión de bienes como de la capacidad de gozo demuestra que, en el fondo, la dicha humana no es más que una “aptitud”. Plinio decretó, él sabría por qué, que ningún hombre podía ser feliz. Todos sabemos que ese postulado es falso y verdadero a la vez.

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En le tema de la felicidad hemos pasado del fatalismo absoluto a la hipótesis del mérito, es decir, desde la idea de que los seres humanos han de soportar pasivamente los efectos del destino, al convencimiento de que, a pesar de todo, no deja de haber en sus manos una cierta capacidad de condicionar el hado. La filosofía ha trajinado mucho en este terreno, por supuesto, y al menos desde un punto de vista práctico, es admirable el nivel de obviedad e insolvencia de sus conclusiones, incluyendo desde el paradigma epicúreo al escéptico y pasando por la ocurrencia kantiana de que ser feliz consiste en tener satisfechas todas nuestras necesidades. Pero la verdad es que el concepto de felicidad es trilita pura según en qué manos, como lo demuestra su inclusión, expresa o subliminal, en cada utopía o sueño revolucionario. Hay incluso quien, como Ibsen considera que la búsqueda de la dicha es tal vez la expresión más acabada del espíritu de rebeldía, pero la herencia psíquica del cristianismo, con su propuesta soteriológica y su promesa de edén futuro, ha anublado durante siglos la vieja aspiración de los hombres de conseguir la felicidad en este mundo. Temo que calcular la felicidad por la brevedad de las ‘listas de espera’, el montante del PIB o el acceso al Instituto no sea un criterio realista, por mucha Unesco que Adrian White le eche a sus cábalas. Cada época tiene sus mitos y cada mito su trampa. Y así como Europa, desde Rousseau a Defoe, se tragó durante una temporada la fábula feliz que vino contando de sus viajes el capitán Cook, puede que la actual termine por zamparse los cuentos del Estado del Bienestar. He echado una mirada a esos 177 países alineados en riguroso orden decreciente y soy yo el que no traga. Lo siento por el ‘doctor Pangloss’ y por el doctor White pero ni este es el mejor de los mundos posible ni aquí se vive peor que en Malasia, qué coños.

74 Comentarios

  1. Ayer una amiga me envió este poema venido de un país en guerra:

    Mi Líbano simplemente es como algo tuyo.
    Vive en mi mente, mi corazón y mi espíritu.
    Vive en mi humor y tristeza.
    Crece en mi familia, mis amigos, mis compatriotas, mi memoria.
    Líbano está en el aire que respiro

    Es la luna que sube despacio desde detrás de las colinas para arrastrarse suavemente por el cielo, reflejándose en la calma mediterránea.
    Es el ardiente sol rojo y anaranjado cuando se hunde airosamente en el horizonte.

    Es una fila de pinos a lo largo de un camino montañés y la casita de piedra al fondo en un tranquilo pueblecito.
    Mi Líbano simplemente es como algo tuyo en los largos días cálidos del verano que nos inclinan a dormir en la sombra de la tarde.
    Está en las fiestas, los almuerzos y las cenas que se prolongan en mesas largas con amigos y bebida.

    Es el corazón que palpita al ritmo del derbakkeh y el baile en torbellino del dabke.
    Es el humo que se riza del nargileh cuando bebes a sorbos el café recién hecho en una gran olla hirviente.
    Líbano es el jeque en su mansión y el sacerdote en su iglesia.
    Es el Mouezzin que llama a los musulmanes a la oración al alba con una voz que suena a través del aire fresco.
    Es la campanilla de la Iglesia que tañe ruidosamente y clara desde la cumbre.

    Líbano es el granjero que lleva sus bueyes para arar.
    Es el pastor que silba y llama a su rebaño y la piedra lanzada a un cazador que camina más allá de él en el valle.
    Líbano es el shahrour y el bilbol que cantan, la higuera que ofrece su fruta y las uvas que endulzan tu boca como la húmeda miel fría.

    Mi Líbano simplemente es como algo tuyo y los vecinos que te dan la bienvenida en sus corazones y sus casas.

    Está en la mujer vieja que se sienta con las piernas cruzadas ante su sajj cociendo los sabrosos mankousheh y markouk.
    Es los hombres que se sientan ante el Saraya bajo un eucalipto a jugar al tric trac cada uno más sabio que el vecino y ambos satisfechos en su rivalidad.
    Está en Beirut en un día ajetreado con personas que caminan y automóviles que tocan la bocina.
    Está en los restaurantes y los cafés y las playas atestados.
    Es la alegría de estar vivo.

    Mi Líbano simplemente es como algo tuyo cuando la nieve cae en Sannine, Faraya y Bcharre.
    Es las cargadas ramas blancas de los cedros en invierno que se han elevado antes del tiempo que le es apropiado.
    Es el olivo que fue plantado por el abuelo de mi abuelo y el sindianeh bajo que él se sentaba y me hablaba.
    Líbano es Fairuz y las canciones de los amores y sueños de todos nosotros.

    Es las estrellas en un otoño claro que parpadean de noche como las luces de los barcos de pesca en la bahía.

    Mi Líbano es todo eso y más.
    Está más allá de cualquier enemigo y sus acechanzas.
    Es anterior a cualquier político y sus manipulaciones.
    Es más grande que cualquier esquema o cualquier intriga.

    Mi Líbano es invencible, es inconquistable y firme.
    Mi Líbano está más allá de los traidores y los ladrones; está más allá de los cobardes y los bribones.
    Mi Líbano no puede ser bombardeado ni golpeado, ni sometido.

    Mi Líbano está hecho de cosas que no pueden romperse, de sueños que
    no pueden borrarse, de pasión que no puede detenerse.
    Mi Líbano es tan libre como el halcón que vuela en un día del cálido verano y tan duro como los pilares de Baalbek.

    Mi Líbano es poderoso y orgulloso, tolerante y magnánimo, hermoso y duro.
    Mi Líbano está hecho de lo inmortal.
    Mi Líbano simplemente es como algo tuyo.

    ¿Qué es la felicidad?

  2. Ha habido, en efecto, dos posturas: la felicidad se busca; la felicidad se rechaza renunciando a la dicha. Ilusos vs. masocas, pero todos pardillos pillados en la trampa armada por la imaginación filosófica. La gente no inventa la felicidad sino los filósofos. La felicidad es un ideal de la clase dirigente, de la clase superior (‘uper class’, suele decir nuestro anfitrión). Busquemos nuestro bien sencillamente, como podamos, sin teorías. Allá los filósofos con sus pendencias. Nosotros no somos más que pardillos atrapados en la trampa fatal de la vida, ¡qué maravillosa trampa, por cierto!

  3. Gran asunto, la Felicidad, con mayúscula, esa baratija para primitivos psíquicos que tanto han apreciado siempre incluso los no tan primtivos. Me gusta ver esa guasa que le gasta adon Manuel Kant, la preciosa cita de Grasset –¿cómo se las arregla para tener tan buena memoria?– así como la pespicaz ironía sobre la ingenuidad romántica (de Rousseau a Defoe), aunque se le olvidó aludir al mundo feliz de Gauguin con sus mulatas comiendo el fruto del árbol del pan y ofreceindo sus senos a la reprimida mirada del europeo. La Felicidad, si acaso, está DENTRO de uno, y nunca por mucho tiempo. Es siempre relativa pero es lo que es. Ha elegido un buen tema que merecería ser desarrollado aquí con opiniones diversas.

  4. Vuelvo al tema como ayer para que no se diga que no hay en mi ámbito mental partidarios de la dicha. Pero ¿qué es la dicha, amigo ja? ?Qué es hoy y que será mañana para el mismo sujeto? Cuando yo era jovencísimo soñaba con ir a evangelizar, a los que nada tienen lejos de la covilización, luego procuré ceñirme a lo que tenemos alrededor, pero siempre tratando de hacer felices –¿ve, ya se me fue la palabra– en la medida de lo posible. ¿Ser moderadamente felices, tal vez? No sé si ése podría ser un objetivo razonable, pero ni Epicuro (tan interesante, por otro lado), no Epícteto, ni Séneca me convencen.
    Usted dijo una vez que la Felicidad era un asunto de clase. Lamento que no se haya acordado para volver sobre tan interesante perspectiva. Otro día será.

  5. Muy bien. Mi don Chic nos larga un poemita algo empalagoso y mutilado y nadie le dice “t’has pasao, tronko”. Aquí en este blog hay una élite a la que nadie tose -me río yo de las titulitis y carguitis- y una Atélite o una Epi a las que se les tilda de cotillonas y mujerucas del tomate. Pues qué bien, otra vez.

    El Líbano es también, se le olvida al poeta, por eso lo de mutilado, un lugar donde la democracia se genuflexiona ante los prestes de las distintas religiones, donde los paramilicos y los fanáticos manejan los cohetillos como en las verbenas de mi pueblo y donde el trapicheo se constituye en ley de comercio.

    La felicidad. Pues que hasta la palabreja me resulta cargante. Siempre fue utilizada como droga dura y embeleso de ignaros. El filósofo de moda –mi don Bardo dixit- de ayer decía demasiadas cosas serias para tomárselo en serio. Pero es un consuelo pensar que no eres la única que piensa y dice ciertas cosas. Bye.

  6. No se haga ilusiones, doña Epi, que ninguno vamos na tragarnos que es usted una mujeruca del tomate ni una cotillona. Al contrario, usted sí que sabe: usar la ironía llueve o ventee exige un nivel que le envidio lealmente.

  7. 18:24
    A nuestro ja siempre se le olvida acotar con comillas la palabra sabio.

    Mira por donde nuestro “sabio” del día ha ido a poner la bandera felicidad en el país que ostenta el record mundial de suicidios.
    http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/misc/newsid_5225000/5225006.stm

    Todos los habitantes, los que conocí, de San Carlos de Bariloche se sentían absolutamente infelices por el frío endémico que sufría su latitud. Mucho más al sur, todos los habitantes, los que conocí, se sentían absolutamente felices por el frío que disfrutaban.

    Si venimos a nuestras latitudes, en Calatayud, todo el pueblo vive perpetuamente acomplejado y cabreado por la jota de la Dolores mientras los leperos organizan y celebran anualmente el congreso del chiste de Lepe.

  8. No esperaba uno de la culta doña Epi ese desdeñoso trato para un concepto tan ilustre como la felicidad, concepto no del todo dsitinguible del de “eudemonismo”, del que se ocuparon con gran seriedad desde Aristóteles a Sartre, pasando por el gran y terribel Agustín de Tagaste, Buenaventura o el “buey de Aquino”. La guasa del maestro con el apotegma de Kant (Crítica de la Razón Práctica) es antigua, que yo recuerde. En nuestro tiempo éramos muy poco respetuosos y nos daba lo mismo tres que trecientos. No quiero destriparle al maestro (por si piensa utilizarlos alguna vez) los “kantazos” que tantas veces cometamos. pero sí recordaré, en beneficio de todos, que el sabio entendía por felicidad “el nombre de las razones subejtivas de la determinación”. El resto se lo dejo a mi amigo.

  9. Nadie le ha comparado a usted con doña Atélite, doña Epi, no sea tan protectora, que se le ve el plumero. Además, tocante a felicidades una mujeruca del tomate está tan legitimada para opinar como un sabio de esos a los que don Griyo quiere entrecomillar. El Internet nos hace libres. Si Juan de Patmos engancha una ADSL acaba con el cuadro.

  10. …Y si la cosa va por algú comentario mío, conste que nunca fue mi intención minusvalorar a ningún/a bloguero/a. Emntre otras cosas porque entiendo que aquí nos justipreciamos todos a poco que nos leamos con atención.

  11. Pues a mí me gusta el poema de don Chic, aparte de que eso de la cursilería es siempre subjetivo, doña Epi. Otra cosa es que me parece que lo del Líbao no está para poemas, ¿no les parece?, sino para que de una vez este mundo recuperara algo fundamental: el liderato justo. (ESpero no ser mal entendido).

  12. Mi Epícteto decía que la felicidad no consiste en poseer sino en ser libres. ¡Nos ha merengao este otro don Epi, como diría el nuestro!

  13. Felicidad no supone lo mismo para la monja que para el bombero, ni para el sátrapa ambicioso que para el pastor humilde. Y lo que no es común a todos los hombres es necesariamente algo artificial, inventado e impuesto. A los hombres se les ha impuesto lo que yo veo como una “tentación de felicidad”, y ello ha provocado muchas frustraciones. Menos felicidad teórica y más satisfacción humana (eudemonismo), menos pájaros volando y más pájaro en mano.

  14. El pesimismo se opone a la felicidad, incluso a la relativa, por razones tan inconsistente que tiene que disfrazar como mandato celeste. Díganos, Páter aldeanus, ¿no es cierto que sobran prohibiciones y que más de una vez se le habrá antojado lo prohibido? Absuélvame el disparate, pero es que este tema me pone siempre en el disparadero desde que, siendo niño, me explicaron que la felicidad no existe mientras que la adversidad nos acecha fatalmente en la vida. Hay cosas impagables en el cristianosmo. Y cosas que nunca le perdonaremos los cerdos de la piara de Epicuro. Empazando por la calumnia contra Epicuro…

  15. Nunca acabo de creerme el “pesimismo” de jagm, pero lo respetaría aun como recurso retórico. Hoy mismo se queda en el fiel de la balanza, entre el estoico y el kantiano, entre Marco Aurelio y Sartre. Hace bien. Lo difícil es tratar un tema como éste y decir algo nuevo. Y en cuanto al “mapa” de la felicidad, estupendo. Me encantaría (¿podría indicar dónde hallarlo?) echarle una mirada.

  16. “La Felicidad” (ese concepto inventado por el mismo hombre para designar cuándo estamos en un “estado agradable y placentero” sí existe, pero limitado en el tiempo, claro, son sólo momentos en los que podemos poseerla, en otros menos y en otros ninguna.

    La Felicidad como estado al que se llega permanentemente no existe, a no ser que sea real “el cielo” de la religión cristiana. Mientras tanto, tenemos que conformarnos con esos “momentos felices”, y procurar que sean “muchos”, y en eso estoy con J.A.G.M. que depende mucho de nosotros mismos, porque nuestra “actitud” ante la vida tiene mucho que ver con ella. Lo mismo que con las personas que nos rodean. Hacerlos felices es también nuestra propia felicidad.

    Creo, como Pepe Smith, que la felicidad es no tener ambiciones más allá de lo que podemos conseguir. Su frase me parece completísima para definirla: “VALORA LO QUE TIENES, DESEA LO POSIBLE Y SERÁS FELIZ”

  17. 23:02
    De algún modo, la felicidad la podemos comparar con una buena comida. Igual que nadie puede disfrutar continuamente de una buena comida nadie puede ser feliz continuamente.

    En mi opinión, lo más próximo a la felicidad consiste en llevarse bien con el entorno. Por ejemplo, los esquimale, los bosquimanos, como los yanomanis y otros muchos, han sido razonablemente felices hasta que quisieron ser como “el hombre blanco”. Craso error.

  18. 23:22
    Para Doña Épi K:
    He perdido el tiempo buscando infructuosamente de donde habría copiado D. Genaro su horterada para ponerle el link.

    Para D. Genaro:
    Efectivamente, hoy ha sido Vd. un plasta, con perdon.
    Si seguimos así, algún día alguien nos cuelga El Quijote, La canción de Rolando o El poema del mio Cid.
    Yo tengo ahí el Libro del buen amor y La Celestina.

  19. La Curiosidad, don Curioso, está en el origen del discurso, ya se sabe, pero en ocasiones tan sólo sirve para soliviantarnos. Pídale a jagm bibliografía: tiene la más completa sobre Cielo e Infierno + Satán que yo conozco. ¡Quién lo diría, verdad!

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