Intrigado por su ruidoso éxito europeo, me asomo a una novela alemana (“Cuando sopla el viento del norte”, de Daniel Glattauer) o, mejor dicho, a un folletín de los antiguos que ha arrasado en librerías y que ahora será publicado “por entregas” en un periódico galo, como si hubiéramos regresado a aquel invento post-romántico que hizo las delicias conjunta de la gran dama y su portera. La novedad del cuento está en que Glattauer narra una historia estrictamente virtual, a saber la aventura imaginaria de una pareja de internautas en la que el sociólogo ha de ver, inevitablemente, la réplica de esa relación de nuevo orden vivida a diario por la muchedumbre silenciosa que transita por las “redes sociales”, exhibiendo un comportamiento que, por vez primera en la historia de la comunicación humana, ha logrado prescindir de la materialidad y sus accidentes, libre al fin en virtud de unos códigos sociales nuevos en los que la ilusión de la ausencia permite descartar las viejas reglas. Nos llegan por aquí y por allá historias de amores virtuales que han acabado en pasiones reales como la vida misma, pero más interesante resulta el hecho mismo del amor virtual, ese trampantojo delicioso que ofrece un campo pasional libre de todo límite por su propia naturaleza sublimada, en el que los amantes exprimen su experiencia liberados de los riesgos que implica la materialidad. El amor o la pasión, que ya habían ensayado su renuncia al cuerpo para reducirlo a la simple voz en las relaciones telefónicas, ven ahora eliminada incluso esa voz para reducirse –como temían los clásicos desde Eurípides– al mensaje dirigido exclusivamente al ojo, inaugurando un erotismo sublimado que en cierto modo recuerda a los amores míticos. Encerrados en su celda de autismo retornable, esos amantes se multiplican injuriando la memoria libidinal de la especie, pero, ojo, porque en una sola de esas “redes” (la Farmville de Googel) se registran ya al mes ochenta y dos millones de usuarios activos. Un paso más y todos castos.

 

Son falsas, sin embargo, tanto la sensación de seguridad que proporciona el anonimato como la ilusión neo-romántica del amor secreto e inmaterial que proporciona la virtualidad. Tanto que una aplicación holandesa anda ofreciendo en la Red el “suicidio internáutico”, es decir, el súbito borrado del rastro, no tan fácil de eliminar, que fatalmente dejan impreso en ella sus ingenuos argonautas. Mientras tanto, ahí estará cada mañana el capítulo del folletín en el que los protagonistas exhibirán apenas la sombra de una imagen de la que ha sido eliminada hasta la voz. Quizá nunca el amor ideal estuvo tan cerca de la pornografía.

6 Comentarios

  1. Aparte bromas como la de don Griyo, hay mucha enjundia en el comentario. La “desencarnación” del amor, incluso la descorporeización del sexo, son ya una realidad sublimatoria, que practican millones de limitados. Es probable que la sensación de anonimato que proporciona el medio aliente a los tímidos –eso dicen muchos psicólogos–, pero parece claro que, como la columna está indicando, hay algo más en esta revolución que estamos viviendo.

  2. Efectivamente, en esta época del todo sexo , era urgente encontrar una escapatoria. En nosotros no todo es líbido, también hay espiritú.Cuántos críos se hacen los don juanes y no han probado bocado, pero lo esconden como una tara asquerosa.Me parece muy bien, y si me empujan, me parece saludable, porque tiene que haber para todos, y en particular para los imaginativos, los románticos, los apasionados del cerebro también. Creo que el espíritu, la imaginación nos lleva mucho más lejos que la carne, y explica las grandes pasiones.

    Y desde luego, nada nuevo bajo el sol: Abelardo y Eloisa o Santa Teresa y Cristo son precursores.
    Felices Pascuas a todos.

  3. Entre Abelardo y Eloísa hubo más que palabras, doña Marthe. Creo que ja lleva razón al avisar sobre el “descarnamiento” del amor y del sexo como formas de paranoia o quién sabe si de esquizofrenia. ¿Imaginativos? Inventarse un romance y acabar creyéndoselo es una forma de enajenación de lo más clásica.

  4. Lean despacio la columna que tiene su miga, no hagan conjeturas apresuradas. El fenómeno es, me parece a mí, muy significativo e implica riesgos de gran envergadura, aparte de que una ocsa es eliminar el CONTACTO y otra eliminar el CUERPO. Seguiría pero el tema me da cierto vértigo. Me ha parecido una excelente columna la de hoy.

  5. Por supuesto, la anterior es una reflexión compartida tras larga charleta entre los tres.

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