En los tiempos en que Berlanga y otros calenturientos pusieron de moda la muñeca inflable llegó a hablarse de cierto modelo de venta en USA que, fabricado en fino látex al que se conseguía proporcionar la textura de la piel, estaba dotado de mecanismos de PVC capaces de hacerle reproducir los movimientos básicos del coito y murmurar sugestivos y casi inaudibles roneos, al tiempo que un circuito de agua a temperatura humana proporcionaba al usuario sensaciones aproximadamente humanas. Ese sueño del robot pasivo ha tenido siempre no poco de necrófilo, como es natural, y bastante de sublimatorio, como lo demuestra que en un momento dado la muñecas más solicitada en los ‘sex shops’ americanos fueran la que representaba a la señora de Nixon, objeto puro de una trasgresión tan cualificada como ingenua que, al parecer, logró, desbancar a las reproducciones de Marilyn. Pero en un reciente congreso celebrado en la universidad de Maastricht, un experto en inteligencia artificial de cierto renombre, como David Levy, predijo que, para el año 2050, no sólo las relaciones digamos físicas, sino el amor más convencional, serán posibles entre un humano y un robot en condiciones tales que no descarta que los Estados (él anuncia como primero posible, ignoro por qué, el de Massachussetts) decidan instituir el matrimonio o, cuando menos, algún tipo de unión legal entre el amo y el artefacto. En fin, después de todo ése ha sido el proyecto masculino que ha funcionado desde el neolítico, amoldar a la hembra al gusto exclusivo y específico del varón, proyecto en el que fue siempre factor importante mantenerla en la ignorancia absoluta o relativa para mayor comodidad. No veo yo insalvables diferencias entre ciertas sumisas que he conocido en mi vida y esas máquinas futuras. El autismo sexual del varón es proverbial.

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Es sabido que esos ingenios fueron un invento marinero que, durante la guerra mundial, se incorporó por sistema a los submarinos alemanes pensando en el descanso del guerrero. Hoy, sin embargo, hay también, como no podían ser menos, inflables para uso femenino aunque su uso y propaganda suele ser más disimulado, pero se asombrarían ante el número efectivo de varones que en USA guardad sus costosas “sex dolls” en la oficina o en su guarida de solitario. Hay bajo el aspecto superficial del tema, no cabe duda, un complejo sustrato psíquico en línea con la tradicional tendencia masculina a “objetivar” al máximo la relación  sexual, incluso sin necesidad de asumir el viejo dicho de que los hombres llevan el corazón en el sexo mientras que las mujeres llevan el sexo en el corazón. Lo prueba que esa industria ofrece hoy en sus catálogos “dobles” mudos de Jennifer López, Paris Milton o Pamela Anderson con los que colmar sublimadamente el egoísmo cerril de unos machos a los que interesa más bien poco el contenido oculto bajo la piel del amante. En una publicidad de Jessica Simpson, y junto a un elogio suntuoso de su indiscutible atractivo, leo este execrable aunque ilustrativo comentario dirigido a al médula del deseo macho: “Es tonta como un buey, pero nunca dice que no”. La mujer muda, la mujer vacía, puro físico ‘practicable’, ha sido para una inmensa mayoría masculina un ideal confesado o no, y el robot de silicona, articulado y con temperatura regulable, es un eslabón más, no sé si el penúltimo, que certifica una ideología tan vieja como la convivencia, abriendo las puertas a una deshumanización tal vez irreversible. Se ha dicho que, por lo se refiere al sexo, el personal simplón resulta demasiado elemental, mientras que el pasado de coco, el demasiado sabedor, no lo es casi nunca lo suficiente. Esto mismo de los robots practicables confirma el éxito lamentable de la puerilidad machista y su fatalismo onánico. Las mujeres son más complicadas. De momento la demanda de muñecones bien dotados es sensiblemente menor.

14 Comentarios

  1. La galbana acaba con el csaino, está visto, aunque supongo que hay mucha gente de vacaciones, como ha anuncia nuestra impar doña Ofidia. Y es una lástrima porque la columna de hoy, sin ir más lejos, es deliciosamente bromista y seriamente admonitoria. Uno ya no se asusta de nada, y a pesar de ello lo que nos cuenta hoy don ja resulta extraordinario.

  2. Pues m ire, me ha dado una idea. Yo ya andaba tonteando con la minipímer pero me parece que voy a esperar.

  3. No se rían de la robótica, cuyo futuro es impredecible. Tampoco de la condición humana, hoy definitivamente extraviada. Bonita columna.

  4. ¿Y cómo se llamaría el robot amatorio de un marido, ¿”marida”? La ciencia-ficción que tabnto le gusta al anfitrión se va a quedar en pañales.

  5. La fábula del enamorado de la estatua es vieja. De ahí a pasar al ejercicio del amor, va un paso que no dudo que acabará dando esta Humanidad más que depravada, estulta sin remedio.

  6. (Desde lejos)
    Me quedo con el comentario sobre la sugestión necrófila de esos juegos eróticos, quién sabe si cómodos… Estamos locos, admirado ja, estanmos locos. Esta mañana le he escuchado en la radio poner a caldo a los Cháveces de Estepona, y con cuánta razón. Pero no se haga ilusiones: esta gente no 4escarmienta porque no tiene nada que hacer fuera de la timba.

  7. De lo más interesante y valiente su comentario sobre als actitudes históricas del macho y su designio de mantener a la amante en la ignorancia. Debo decir que, aparte de todo, el uso creciente de adminículos y trebejos de uso sexual allana el camino hacia esa utopía enloquecida que nos comenta con tanta gracia.

  8. No veo que hay de malo en que cada uno haga lo que desee ocn su cuerpo, mientras no lastime a nadie. Ahí está esa caterva de maltratadores e infanticidas que son mucho peores que un follador/a de muñecas/os, ¿no le parece, señor marín?

  9. Disculpada su grosería, mi señor A Contracorriente, le recuerdo la reciente columna de jagm sobre/contra los pedófilos. Retroceda en el archivo y la encontrará enseguida.

  10. Preciosa la cita (porque parece cita) de lo del corazón en el sexo y el sexo en el corazón, aunque yo le creo muy capaz de crearla por su cuenta, por supuesto. Lamentro que doña Ofidia se haya ausentado, pues otras veces ha escrito desde fuera, en plan nómada, desde cibercafés y así. Si nos lee, haga un esfuerzo, buena mujer, y reúnase con la farra.

  11. Una lección inquietante, aunque estupenda para leerla. Esta mañana me comentaban algunos amigos lectores de gm que creían que el autor se saca las ideas de su propio magín para luego utilizarlas. Sólo les recordé que, por el contrario, es de los pocos que cita siempre con exactituid y rigor sus fuentes de cualquier tipo. Pero ¿y si fuera ásí, cual sería el problema? ERstamos nhasta la c oronilla mde articulitos sobre Rajoy y ZP, supongo que en eso conicidimos todos los asiduos a esta página excepcional por su cultura y su rigor.

  12. Es verdad eso de que el varón tiende o ha tendido históricamente a “objetivar” el cuerpo del amante, mientras qu ela muejr –añado yo– ha tendido a sublimarlo. El robot, efec tivamente, sería el último eslabón de la cadena que ha desumanizado el sentimiento amoroso (o/y el impulso sexual).

  13. 21:00
    El sexo sin corazón tiende a igualar a la meretriz con la “sex doll” dejando la diferencia reducida a la de la calidad de una y otra.

  14. No entiendo el comentario de don Griyo.
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    Objetivamente él de “Contracorrientes” es exacto, sólo que me da realmente pena y algo de asco de esos pobres diablos, reducidos a hacer el amor a muñecos de látex, por muy fino que sea.

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    Según mi propia experiencia, los tíos que se atreven a decir cosas como “Es tonta como un buey pero nunca dice que no” se distinguen por su estupidez y su ignorancia crasa. Les hago menos caso que un cero a la izquierda. En realidad siento por ellos un profundo desprecio.

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    La perspectiva de un mundo así me molesta profundamente. Se me antoja una perversión tan radical como el beso de Judas: gestos que deberían manifestar e ir cargados de amor y que expresan algo muy diferente.¿ Hay algo más triste?
    Besos a todos

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