Un grupo de reputados teólogos islámicos, ciento treinta imanes procedentes de los cuatro rincones del mundo, según la propaganda, se han reunido en Viena con la noble y seguramente ilusoria pretensión de alumbrar un camino posible a una “teología de la integración”. Se trataría de plantar cara al desafío social que supone esta especie de retorno a las guerras de religión que podemos disimular hasta donde queramos pero que ahí están, a veces de manera tan lacerante como en las palabras del extremista musulmán que aseguraba el otro día no cifrar su felicidad más que en matar infieles. Hay treinta y tres millones de musulmanes en Europa, no se olvide esta circunstancia, una vasta población alejada de sus prácticas tradicionales tanto como del espíritu laico de las sociedades que la acogen, y existe también una amenaza creciente de radicalismo fanático cuyas consecuencias hemos de lamentar ya, en términos atroces, en varios de esos países acogedores. Los imanes han sostenido la idea de que es necesario y posible todavía hallar un compromiso entre ambas concepciones del mundo y de la vida, es decir, entre esas dos visiones de la realidad que dividen de manera tan drástica a quienes creen que inmolarse matando es una virtud suprema o, más sencillamente, que la mujer es el proletariado del varón, tesis irreconciliables con el espíritu ‘ilustrado’ de nuestro mundo del que los teólogos del otro proponen ahora –paradójicamente, a mi entender—aceptar valores como la democracia, el pluralismo y la libertad de expresión. La verdad es que coincidiendo en el tiempo con las declaraciones de Bin Laden o la del Zarqaui, esa realidad le deja poco terreno transitable al cónclave de Viena.

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No es preciso recordar que se empieza inventando el “diálogo de civilizaciones” y se acaba crujiendo una crisis de tan imprevisibles consecuencias como la recién desatada por los propios continuadores del Jatami reconvertidos en fabricantes de bombas atómicas. Porque no se trata de que el ingenuo Jatami sea mejor o peor que el cafre de Ahmadineyad (más que probable terrorista), sino de que en el fondo creencial que sustenta aquella concepción de la realidad las cosas no resultan ni sencillas ni permiten tal vez ser conciliadas. La noticia de que la estrella futbolera del Hamburgo, Medi Mahdavikia, ha contraído un segundo matrimonio y vive actualmente una situación de bigamia, penada en Alemania con tres años de cárcel, no lo es tanto por el hecho mismo –en Occidente hay bígamos a punta de pala y se ha llegado a decir que el matrimonio es una cruz tan pesada que hay que llevarla entre tres—sino porque la propia ingenuidad del jugador revela a la legua una “buena conciencia” plenamente justificada en su sistema de valores. Es verdad que, como alguna vez insinuó Dénis de Rougemont, Occidente es la crónica de un adulterio continuado, pero también es evidente que la moral del cinismo que permite cirinear esa cruz dentro de él tiene poco que ver con la estrategia familiar de una civilización pensada por y para el varón en términos estrictamente utilitarios. Hay un proverbio islámico que dice que una mujer es insuficiente, dos el infierno de los celos, tres el purgatorio de las parcialidades y cuatro la perfección. Ya me dirán qué integración pretenden esos imanes conciliadores que sueñan con una democracia de jeques o una satrapía cívica. El pobre Mahdavikia, ochenta veces internacional, luminaria de la ‘Champions’, ídolo de la ‘barra’ hamburguesa, se ha erigido sin pretenderlo en símbolo de la futilidad de todo intento de integrar a fondo el agua y el aceite. Dicen los imanes, por ejemplo, que habrá que olvidarse de los malos tratos a la mujer, de los matrimonios forzados y de los crímenes de honor. Comprenderán ustedes que no insistimos por porfíar, sino, simplemente, porque esa enunciación del proyecto deja ver la distancia sideral que separa dos mundos que si han sido históricamente rivales, no lo han sido por casualidad.

9 Comentarios

  1. El agua del Mississippi y el agua del danubio.

    La verdad es que coincidiendo en el tiempo con las declaraciones de Bin Laden o la del Zarqaui, esa realidad le deja poco terreno transitable al cónclave de Viena.

    La verdad es que conincidiendo en el tiempo con las acciones de Bush y de Blair, esa realidad le deja “también” poco terreno transitable al cónclave de Viena.
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    Las guerras de religión siempre han encubierto ataques y defensas de intereses económicos.
    Las Culturas también tienen detrás defensas de “Sistemas” económicos.

  2. Lo tengo que repetir porque si no, me revientan los metacarpianos. Aquí tuvimos un Oyente, que luego se ha demostrado que era un cagado, antes, durante y después de la oyentía, que hacía ostentación de su bigamia: viernes, tras el besahuevos, esposo de la librera, cuyo lecho abandonaba el lunes para reunirse con su otra legítima, la de las becas en Italia. Y punto, que me suben los sofocos y luego no sé si es que otra vez se me han olvidado las pastillas de los estrógenos o que se me ha subido la tensión.

    Permítanme que señale a la competencia y que no me diga el patrón que le hago spam. Pero hoy el Alfonso Rojo escribe sobre los mundiales del fútbol. Mejor dicho, sobre el mayor puticlub de Europa, listo ya, pues para eso los alemanes son todo lo eficientes que siempre han sido. Resulta que tiene un cartelón del tamaño de la fachada de una catedral con una luminosa señorita parpadeando en neón. La semidiosa se cubre únicamente con un mínimo tanguilla y luce sus dos poderosas razones superiores con todo el fulgor de las nuevas tecnologías (toma ya, junteros). A una altura que ustedes pueden imaginar lucen las treinta y dos -o las que sean que una de furgo no sabe gran cosa- banderas de los que van a litigar sobre el pasto. No hace mucho una pandilla de babuchas le monta un cifostio al dueño en la puerta. Resultado: tienen que cubrir de negro betún dos de dichas banderitas: la de Arabia Saudí y la de Irán. Cómo pueden cohabitar, huy, perdón, una imagen tan escandalosa, con el símbolo nacional de dos naciones tan decorosas. Tener bombitas de uranio enriquecido no es ningún escándalo, lapidar a la adúltera tampoco; colgar de una grúa a algún pobre reo pobre, tampoco; ni cortar la mano del ladrón. Esas cosas las dice el Libro y punto. Pero resaltar el maravilloso encanto de un cuerpo joven en (casi) toda su desnudez merece todas las maldiciones del profeta. Y el astuto empresario, a tragar, que más pueden los petrodólares que dos carretas.

    El caso es que quienes luego van a gastar esos dólares como si fueran agua en el chiringuito van a ser los jeques de babucha, que cerrarán el puticlub más de una noche para ellos solitos, que para eso pueden pagarlo. Luego lees a la Fallaci y piensas que es fascistona, pero otras veces dice uno aquéllo de aquella manera y hasta casi que no le remuerde la conciencia.

    (Coda para mi doña Gertru: Ande, hermosa, déle puerta a don JMR algún ratito, que anda con la astenia primaveral, mándelo a por el pan y no nos prive de su sabiduría, de su cordura, de sus palabras y de su amistad. Un beso, un poquito más dulce de lo habitual). (Esto ya lo había escrito cuando ya hay un comentario, el suyo. Gracias).

  3. Lo que ustedes quieran y dos huevios duros, pero el propio GM da la cifra: hay 33 millones de musulmanes (¿cuántos de elloos fanáticos o fanatizables?) en Europa. Una buena parte en España. Y está demostrado que les da lo mismo el buen trato que el malo, pues tanto en París como en Londres como en Madrid han pregonado su odio básico a Occidente, al judaísmo/cristianismo, a la civilización y, en general, a todo lo que ellos ignoran o detestan.
    (Nota para la doña anterior: la cuerda con la que ahoracn en Irán es de nylon para que el suplicio sea más intenso y más duradero). Alá es el más grande.

  4. Y las piedras “no deben ser de mayor tamaño que la cabeza de un perro”, lo dice el libro. No vaya a ser que un peñascazo nos desgracie del todo en poco tiempo a la adúltera, o madre soltera, o repudiada, o vaya usted a saber, y el espectáculo, loado sea el Misericordioso, pierda parte de su gracia.

    Una se repite. Ya saben, Epimorcilla. Si nos ponemos, o nos ponen, los zapateritos prodigiosos mirando para la Meca en gesto de oración, de buen rollito, de amiguismo con los paises árabes, que decía el Invicto, bueno, a vosotros los varones, os puede entrar por salva sea la parte un aparato circuncidado que sintais su gorgoteo en la faringe.

    Creo haberlo leido en la “Mercurio” reciente: “Muchos libros no es malo. Lo malo es un sólo libro”. Cito de memoria. Lo dijo aquel volteriano de don François-Marie d’Arouet.

  5. Ya ven cómo no era impensable que algñun día el disparate enredado sobre el matrimonio por el Gobierno zapaterista acabe en nuevas reclamaciones absurdas y difíciles de encajar en nuestro orden mental, jurídico y socialo. Por ejemplo, la poligamia, que como muestra el caso de ese as del balompié, puede perfectamente practicar un islámico puesto que el Libro lo autoriza y la legislación de sus países de origen lo consagra.
    Claro que si duranet años hemos hecho de perrillos falderos de los sátrapas y régulos en Marbella cuando llegabana la ciudad con el harén puesto, no deberíamos tener mayor problema para imponerle a nadie la tradicional monogamia que, como subraya la columna, tampoco es que aquñi se observe a fondo sino más bien formalmente. Tendremos poligamia como acabaremos teniendo madrasas adosadas a las escuelas. Me alegro de tener una edad y ver cómo los locos deambulan ante mí con requerir mi intervención o pronunciamiento.

  6. Sigo atento al blog pero lejano por mis deberes. Hoy me ha gustado la sinceridad con que se aborda el tema. Cuando estanmos rodeado de tanto cuento da ánimos escuchar a unos cuantos expresarse sin complejos ante el Gran Equívoco hábilmente planteado por el islamismo radical, que siempre fue brutal e imperialista.
    He oído en Onda Cero, donde estaba jagm esta mañana, censurar la nueva salida de Guerra en lo de la “realidad nacional”. ¿A que no recuerda nadie en el blog una etapa con más trapicheo conceptual que ésta? Rodríguez Zapatero y el zorro viejo de Rubalcaba –al que el Jefe le recordaba esta mañana haber sido el portavoz que negaba durante años la existencia del GAL– saben que nada mejor que una bobada insigne para distraer al personal. Después de la monada de estos días, no podrán decirme que no.

  7. Me alegro de que haya resucitado, doña Gertrudis, especialmente porque es mucho más concisa que su viudo esposo, que por cierto me resulta un poco plasta, y también porque el viudo queda libre de la sospecha de haber enviudado artificialmente.
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    Estoy deambulando por tierras navarras y hoy, en Tudela, ciudad también donde convivieron las tres culturas, me viene a la mente que en España triunfó la Reconquista precisamente porque los musulmanes eran tolerantes mientras que los cristianos eran intolerantes y fanáticos.

    Hoy se han invertido las estrategias. Los cristianos fanáticos se han convertido en occidentales tolerantes con legisladores papanatas mientras que los musulmanes tolerantes se han convertido en fundamentalistas fanáticos y reciben oleadas de refuerzos en militantes y dinero. Algunos de ellos, no todos, son asesinos en potencia a la espera de una simple orden. Repito, no todos, pero ¿Cuantos pueden ser un pequeño porcentaje de treinta millones?

  8. Ni es verdad, señor Griyo, que los cristianos fueran siempre intolerantes durante aquel periodo ni que los islámicos fueran benevolentes y papanatas. Recuerde la dureza almohade o almorávide, los frecuentes pogromos contra cristianos, que también los hubo, la supeditación de los mozárabes a la población islámica. Seamos justos, Griyo.

  9. Tiene Vd. razón. Ninguno de los grupos participantes fue SIEMPRE nada pero si cambiamos siempre por mayoritariamente y dejamos el adjetivo papanatas donde yo lo puse, en los legisladores occidentales, los nuestros, creo que no ando muy descaminado.

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