Chaves reclama en Marbella un Ayuntamiento leal, colaborador y que no busque enfrentamientos, es decir, uno del PSOE, el de Paulino Plata. Si no cae ése no habrá subvenciones, dice entre líneas, con toda la cara del mundo, no habrá compromiso de la Junta de Andalucía con el municipio: no cabe mayor ejercicio de discriminación electoralista, de abuso patrimonial del dinero público para financiar el engatusamiento del electorado. Lo están haciendo un poco por todas partes, como lo demuestran los inútiles reveses propinados por la Junta Electoral que a Chaves, como es natural, lo traen al fresco porque sabe que, en el peor de los casos, romperán cuando nadie se acuerde ya de las elecciones. Pero hay en esa actitud abusiva algo profundamente antidemocrática por parte de quien, como él, acaba de descubrir, oh, maravilla, que un presidente elegido por todos, de todos es presidente y no sólo de los suyos. Entre grandes y pequeños abusos esta campaña, como casi todas, es desigual y ventajista. Tras un cuarto de siglo de hegemonía, esta objeción le debe de sonar al “régimen” a música celestial. 

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