Ha tenido que ser la UNESCO la que alerte a las Administraciones españolas, principalmente a la Junta, del estado terminal del mítico barrio del Albaícín granadino que, a pesar de ser “patrimonio de la Humanidad”, se encuentra literalmente abandonado y en manos de cualquiera. Un caso ilustrativo de la incuria autonómica, sobre todo teniendo en cuenta que Granada, aunque cueste creerlo, recibe al año tantos turistas como Marruecos entero. Ni la protección excepcional de que goza el Albaicín ha conseguido que tanta delegación de cultura como mantenemos en nómina se preocupe de semejante desastre.

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