Hoy que se constituyen los Ayuntamientos chirría especialmente el rifirrafe judicial entre el PP y el PSOE de la capital de la región –el PP como denunciante, el PSOE como consecuencia– a propósito del famoso fax que el candidato ‘popular’ que ha ganado las elecciones mostró en la tele al que será alcalde aupado por IU. Imaginen el ejemplo cívico que implica esa pelea en la que el propio alcalde es acusado de participar en una trama de facturas falsas que, en cualquier caso, no parece que puedan desmentirse, mientras corre de boca en boca que desde el Ayuntamiento de la capital se instruye a ciertos presuntos cómplices en el arte de defraudar al propio consistorio. Eso se llama comenzar con mal pie, por si algo faltaba encima del espectáculo de cambalache generalizado que estamos viviendo. Queda lejos la democracia municipal porque, ciertamente, si su modelo justo fuera éste, la verdad es que deja demasiado que desear incluso al menos exigente de los ciudadanos. 

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