Las universidades de verano son lo que son, ya se sabe, esto eso, citas selectas donde se trataría de enseñar lo que no se enseña en las de otoño/invierno/primavera, ya ven qué cosa más cuestionable. Algunos, es verdad, aprovechan para llevar a ellas el tema peregrino o incluso esotérico, la cuita escolástica y hasta la cuadratura del círculo, y luego se publican las memorias de cada cual para que la sociedad sepa por qué se gasta en ellas el dinero que se le regatea a la normal. Y claro, también cabe en su marco el bombazo exclusivo que acapara titulares. Esa investigadora del CSIC que en Ronda acaba de decir que el cambio climático (ese grave objeto de discusión en toda la comunidad científica) no es más que “un fenómeno mediático y político”, por ejemplo, bien merece que se divulgue su vera efigie en los papeles. Qué cosas trae el calor, la del clima y la que, en efecto, se produce en presencia de los medios. Nuestra autoridad debería tomar nota de portentos como éste y tenerlos en cuenta a la hora de subvencionar estos festivales.

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