Sería un disparate por parte de la Junta abrir el melón problemático de la educación “concertada” una vez que, tras su éxito aplastante, parece encauzarse la rebelión sanitaria. Sobre todo porque esa educación no oficial –sobre todo, y por tradición, la católica—sólo sería cuestionable si el Estado aconfesional dispusiera de efectivos suficientes para responder a la legítima y constitucional demanda de elección por parte de los padres. Pero no es así, sino todo lo contrario: es inimaginable la que se liaría si la “concertada” cerrara sus puertas y dejara la educación en manos de quien, como el Estado y las autonomías, sólo poseen un montaje limitadísimo y menguante de recursos. Con la ideología a cuestas no se llega lejos. Con el sentido común, sí.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.